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primero de mayo su historia

TRABAJADORES COLOMBIANOS

En este año 2009, se conmemoró, una vez más, el Primero de mayo, homenaje a los trabajadores del mundo, en su ardua batalla en la creación de bienes materiales, culturales y morales, que enaltecen el transcurrir de la humanidad, así como de su lucha permanente por sus derechos, reivindicaciones y conquistas, en confrontación con los explotadores de todos los tiempos.

La jornada del Primero de Mayo, establecida como día del trabajo, fue aprobada por la Segunda Internacional, en su primera etapa, a petición de Federico Engels, como culminación de las grandes movilizaciones del proletariado por la conquista de la jornada laboral de ocho (8) horas. También en homenaje de reconocimiento a las víctimas de esta acción reivindicativa y política y, en especial, a las obreras camiseras de Chicago, perecidas en el incendio de su fábrica y a los revolucionarios dirigentes obreros Albert Parsons, Augusto Spies, Samuel Fielden, Michael Schwal, Adolph Fischer, George Engels y Louis Ling, condenados en juicio arbitrario a la pena capital. Los cuatro primeros fueron ejecutados el dos (2) de noviembre de 1887. Ling murió en presidio y Oscar Neebe pagó 15 años de prisión.

Fueron acusados por la muerte de un policía, por el estallido de una bomba, en una manifestación, lanzada por un provocador al servicio del Estado. Se efectuaron inmensas protestas contra el juicio y exigiendo la libertad de los acusados, en Estados Unidos, Europa y Asia. Todo fue inútil, pues se trató de un crimen de Estado contra el movimiento obrero norteamericano.

Desde 1889, esta fecha del Primero de Mayo se ha conmemorado en todos los confines de la tierra, en las grandes marchas de trabajadores contra el militarismo y la Primera Guerra Mundial, acuciada por la agudización de las contradicciones imperialistas, que condujo a una matanza entre los pueblos, a su destrucción, a la ruina y la miseria, con millares de muertos, mutilados y desaparecidos, generados por el triunfo de la Revolución Proletaria de Octubre, en la antigua Rusia; en la crisis de superproducción relativa de 1929, que golpeó al mundo capitalista; que arrojó a los trabajadores al paro total y parcial, llenando de hambre y penurias a las masas trabajadoras; contra la imposición del nazi-fascismo, en las cárceles de la Gestapo, en los campos de concentración y de exterminio, en las trincheras de combate y comandos de resistencia en la Segunda Guerra Mundial; en los campos de batalla y zonas guerrilleras de China; en la posguerra y en todas las épocas y condiciones los trabajadores celebran su día.

En Colombia, se celebró el Primero de Mayo, por los trabajadores del Canal de Panamá, de los que hacían parte colombianos, latinoamericanos, europeos, asiáticos, etc., agobiados por las duras condiciones de trabajo, atropellados por los contratistas, diezmados por la malaria y otras enfermedades tropicales.

En 1932, dos celebraciones del Primero de Mayo terminaron en masacres, por parte de la Fuerza Pública: En Coyaima Tolima, fueron abatidos 35 indígenas y campesinos, y heridos muchos manifestantes; lo mismo aconteció con los jornaleros de la Hacienda Tolima, en cercanías de Ibagué cuando la policía disparó contra los manifestantes.

Fueron muchas las movilizaciones de obreros en los diferentes pueblos y ciudades, de campesinos, indígenas, trabajadores petroleros, ferroviarios, zapateros, sastres, etc., las que se han realizado en el país.

En la época de dictaduras conservadoras y en la dictadura de Rojas Pinilla fue imposible realizar la celebración del Primero de Mayo en las ciudades, ya que todas las manifestaciones progresistas, así como los sindicatos estaban proscritos, salvo la UTC , que apoyaba abiertamente a estos gobiernos reaccionarios y represivos. Sin embargo, en zonas de resistencia armada se conmemoraba esta jornada.

De ninguna manera podemos permitir que esta celebración sea convertida en una fiesta religiosa o en una rumba o carnaval que desvirtúe su verdadero contenido de lucha, de solidaridad y de batalla por los auténticos derechos de los trabajadores, cada vez más conculcados y pisoteados por los patronos y los Estados.

Levantar como propios nuestros símbolos, para hacer de ellos los escudos de nuestras reivindicaciones y conquistas: El Primero de Mayo, la Bandera Roja y la Internacional. Porque en el mundo, en Latinoamérica y, en especial, en Colombia, los trabajadores de todos los tiempos hemos sido víctimas de un gran genocidio, por parte de los opresores y explotadores, que utilizando las masacres, los crímenes selectivos, el despojo de las tierras y bienes, la tortura, la cárcel y el destierro, edificaron la propiedad privada, sobre los principales medios de producción, extrayéndole el sudor de los desposeídos, la han acrecentado con el apoyo de las potencias extranjeras, que han saqueado a la nación las riquezas del suelo y subsuelo, pisoteando la soberanía nacional, y convirtiendo al país en un estado subdesarrollado y dependiente, bajo el predominio de una oligarquía criminal, rastrera y corrupta, que aplasta cualquier forma de resistencia del pueblo.

Desde de la conquista, que en realidad fue una invasión y una agresión por parte de España, en esos momentos una potencia experimentada en la agresión a los pueblos europeos y asiáticos, con armamentos y experiencia militar, contra un continente inferior en estos aspectos y que, pese a la resistencia de los nativos, le permitió saquear sus riquezas expropiar sus tierras, oprimir y someter a la servidumbre a sus moradores, muchísimos de los cuales perecieron por el trabajo forzado, por la dureza de los castigos; además de la destrucción de sus etnias, sus familias, sus dialectos, su cultura, sus ritos y costumbres e imponiendo un Estado represivo y despótico a imagen y semejanza del Estado Español, feudal, teocrático y decadente.

Y luego, para acrecentar sus riquezas, implantaron la esclavitud, a costa del continente Africano, depredando sus pueblos, empleándolos como mercancía humana, objeto de compra y venta, para enriquecer a sus mercaderes españoles, portugueses, ingleses, franceses, holandeses. Y, como esclavos, con sus cuerpos marcados al fuego, rindieron su fuerza de trabajo forzado, en minas, cañaduzales y trapiches, en las galeras, en la construcción de diques y fuertes militares. Con su sudor y su esfuerzo, a pala y pica, construyeron las murallas de Cartagena, así como sus fuertes militares y el Canal del Dique, sometidos a los castigos brutales, a la discriminación y la humillación.

Los conquistadores impusieron la religión cristiana, apostólica y romana, beneficiaria y cómplice de las atrocidades cometidas contra los nativos, que obtenían su subsistencia con base en el trabajo colectivo, sometiéndolos a la servidumbre, con el pago de arrendamiento de estas tierras que antes les pertenecían y que ejerciendo violencia los despojaban de ellas. Los condujeron a la postración, convirtiéndolos en sirvientes, en cargueros, llenándolos de erogaciones y tributos, de diezmos y primicias; y como siervos también de la cristiandad.

Pero, no todo fue oscuro y sombrío en la conquista y la colonia; los caciques de los Pijaos, se enfrentaron a los españoles por más de setenta años, aliados a los indígenas de Neiva y Timaná, Huila, fueron vencidos y reducidos.

El cacique Guanantá combatió a los españoles con bravura y, derrotado, cuando el enemigo secuestró a las mujeres de la tribu, se lanzó desde la piedra Morada, a las torrentosas aguas del río Chicamocha, junto con sus huestes, antes que negociar con el enemigo y someterse a las condiciones del invasor-conquistador.

La rebelión de BIENKOS BIOJO, príncipe africano, comprado como esclavo, que huyó con los negros de Cartagena, a crear los palenques, donde fueron libres, pero cometió el error de negociar con el enemigo y, como era de esperarse, fue apresado, asesinado y descuartizado. El alzamiento de los indígenas Wayú en Riohacha, que incendió la población, liquidó a los españoles y huyeron a la Alta Guajira, a hacerse libres; además de otras pequeñas rebeliones que se dieron, como manifestación de la contradicción fundamental incubada en el régimen colonial, entre los oprimidos y los opresores.

La más grande evidencia del agudizamiento de esta contradicción social fue, indudablemente, la Rebelión de los Comuneros. Quizá, la más grande movilización de masas de todos los tiempos, esclavos de las minas de Antioquia, pequeños comerciantes y productores de los Santanderes, elaboradores de tabaco, campesinos, indígenas del Caguán y Chaparral, es decir, de todas las condiciones de trabajo y de todas las latitudes del país; sobraron multitudes; pero carecieron de un equipo político y militar que condujera esta rebelión, y cometieron también, el error de negociar con el enemigo cuando estaba acorralado y confuso, de discutir y firmar las Capitulaciones de Zipaquirá, embaucados por la falacia del mañoso Arzobispo Caballero y Góngora, los aristócratas y leguleyos de Santa Fe, la traición de los capitanes, forzados por el mismo movimiento, Salvador Plata y Francisco Berbeo, quedando así establecido, de una vez y para siempre, que los insurrectos de todos los tiempos, no pueden negociar con el enemigo que pretenden destruir, pues su destino es el VENCER O MORIR, TRIUNFAR O PERECER.

En este movimiento se destacó la figura de JOSE ANTONIO GALAN, como conductor de multitudes, que lanzó las consignas revolucionarias de “Muera el Rey” y “Muera el mal Gobierno” y “Ni un paso atrás siempre adelante” y “lo que ha de ser que sea”, así como “la unión de los oprimidos contra los opresores”, que consecuente con ello, liberó a los esclavos de las minas de Malpaso en Mariquita y pretendió reconstruir el movimiento, cuando el enemigo, recuperado, había entrado a la ofensiva. Capturado por Salvador Plata y un grupo de esbirros, fue llevado a juicio y torturado, ajusticiado públicamente y descuartizado, al lado de sus leales compañeros Manolo Ortiz y Lorenzo Alcantuz, exponiendo su cabeza y sus miembros en las ciudades y caminos, como una advertencia sangrienta de castigo y retaliación, para quienes pretendieran levantarse contra el Estado Colonial.

El movimiento comunero fue vencido, pero el sistema colonial entró en crisis irreversible, es decir, el proceso insurreccional incubado en su seno, estalló treinta años más tarde con la guerra de independencia, culminando así este proceso objetivo espontáneo, que nace, crece, se desarrolla y estalla por encima de la voluntad de los hombres.

La Independencia, al revés de la Rebelión de los Comuneros, que fue rural y pueblerina, fue, en principio, eminentemente urbana y, con todas sus vicisitudes, contó con un equipo dirigente político y militar. Tres líneas políticas se impusieron en este proceso: la línea de derecha, encabezada por el Estado feudalizado, la línea intermedia, que bogaba por mantener los estamentos de la Corona, con prerrogativas para el sector criollo, menospreciado, pese a sus riquezas, excluido de los altos puestos y de jerarquías, conciliadora, intermedia, de esas que nunca faltan en un proceso revolucionario y que, más temprano que tarde, terminan en las posiciones de derecha, haciéndole el juego a las posiciones del enemigo; la línea revolucionaria que se decidió a luchar y a triunfar, en una guerra popular y prolongada, que desgastó al enemigo y lo venció.

La parte popular de la Independencia, que propició su triunfo, la efectuaron las masas populares, los trabajadores de la época, campesinos, pequeños productores, arrieros y caporales, bogas, etc., hombres y mujeres sencillos del pueblo. Pero, el pueblo trabajador y combatiente en la Independencia no tuvo ninguna reivindicación con su triunfo, simplemente cambió de amo, es decir, de los chapetones, a los espadones patentizados en generales, coroneles, que se perpetuaron en sus haciendas y aumentaron sus territorios, manteniendo la apariencia, oprimiendo a los arrendatarios, cazando y despojando a los indígenas, manteniendo al pueblo en la ignorancia, el atraso y la discriminación.

El Libertador SIMON BOLIVAR quiso implantar la educación laica, salir de la coyuntura clerical, liberar a los esclavos, pero no había presupuesto para comprarlos a su amos, ya que estas personas esclavizadas hacían parte de los patrimonios familiares, al igual que las casas, las haciendas, los caballos y las vacas y, en general todas las riquezas. Al Libertador le cayeron los obstáculos montados por la oposición; los leguleyos, abogados y burócratas que montaron reyertas y guerras para mantener el espíritu de la Corona Española, cuando ha debido ser aplastada como correspondía a una revolución que pretendió ser burguesa y se quedó a mitad del camino, para lastre de su progreso y las necesidades de sus masas trabajadoras.

Las potencias extranjeras merodeaban por los países Latinoamericanos, recientemente emancipados de España, con el fin de acondicionarlos para sus negocios e imponerse como nuevos colonialistas. Francia e Inglaterra y más tarde los Estados Unidos, que con sus delegados diplomáticos y comerciales intrigaban permanentemente.

Para 1811, los Estados Unidos hizo del viejo anhelo del Destino Manifiesto una política de Estado que consistía en propiciar un gran imperio, con mandato desde Alaska hasta la Patagonia y desde el Africa hasta Australia. Como todas las potencias, que existían cuando el descubrimiento de América, codiciaron el Tapón del Darién, con el fin de construir un canal, que uniría con facilidad los dos océanos, que les posibilitaba el dominio absoluto de la navegación por todo el mundo, dominando el comercio y transporte marítimo. Infinidad de intentos realizaron, pero siempre encontraron la resistencia de los indígenas Cuna, Emberá – Catíos y más tarde los negros esclavizados.

Esta vieja aspiración, cobra actualmente gran vigencia, pues a la carretera desde Alaska hasta la Patagonia solo le falta el tramo de 180 kilómetros que corresponden al llamado Tapón del Darién y que es propiedad, tanto de Colombia, como de Panamá:

El compromiso de Álvaro Uribe Vélez con el Sindicato Antioqueño y las compañías transnacionales es abrirlo a toda costa, no importa que se sequen los humedales que dan vida a los grandes ríos y riachuelos de una parte de nuestro territorio y las fuentes de agua de Panamá. Los Estados Unidos, En la era republicana de Colombia, también se interesaron por el proteccionismo y la intervención armada contra los países donde quería tener su órbita, en competencia y confrontación con las demás potencias.

En 1886, se llevó a cabo el tratado MALLARINO – BIDLACK, de Paz, Amistad, Navegación y Comercio, que resultaba ganancioso para Estados Unidos que tenía ya un gran desarrollo económico, y que, al aplicar libertad de comercio, eliminando los impuestos de aduana hundía al país, que carecía de productos industriales, para cambiar y competir.

Irrumpieron en el país infinidad de mercancías, especialmente suntuarias, en potentes barcos, que quebraron a la navegación granadina y a los artesanos, que nutrían el mercado interno, llenando de penurias y necesidades a los productores de las ferrerías de Pacho, los de ácidos y tejidos en Antioquia, las fábricas de losa y de géneros en Cundinamarca. Creció así, la pobreza y también la delincuencia.

Los terratenientes montaron las ganaderías, y arrasaron las tierras del común, corriendo sus linderos que pertenecían desde la colonia a la población. La naciente burguesía comercial, arrasadora y voraz, contribuyó con sus lujos de productos extranjeros a la agudización de la polarización de la sociedad, cuya mayoría se hundía en la miseria. Se presentó un estallido de clases, el primero de importancia de la era republicana, entre comerciantes y terratenientes, y la masa de la pobrecía.

Los artesanos se organizaron en las Sociedades Democráticas, bajo las teorías del Socialismo Utópico, que llegaban desde Francia e Inglaterra, constituyéndose en la primera organización de clases, independiente de la tutela de las clases dominantes. Son los primeros difusores de las ideas socialistas, cierto que candorosas e ingenuas, que luchaban contra las consecuencias del capital, pero no advertían sus causas, consistentes en la propiedad privada sobre los medios de producción. Sin embargo, eran ideas socialistas que alentaron la lucha de clases de la época.

A las Sociedades Democráticas se afiliaron también, en un principio, intelectuales como los doctores Obregón, Consuegra, Joaquín Pablo Posada, Patrocinio Cuéllar, el Señor Cuenca, el doctor Ramón Mercado y generales y oficiales, héroes de la Independencia que, a diferencia de otros, se enriquecieron con las dádivas y negocios; no contaban con más riqueza que sus condecoraciones y distinciones ganadas en arduos combates contra las tropas españolas. Entre ellos se pueden mencionar a los generales Peralta y Mantilla de Santander, y el más destacado de todos, el general JOSE MARIA MELO, un Bolivariano a toda costa, que para entonces, era el comandante del ejército acantonado en Bogotá.

En 1848, por el empuje de los democráticos es ascendido a la presidencia de la república, el general JOSE HILARIO LOPEZ, comprometido con los artesanos en imponer los impuestos de aduana a las mercancías extranjeras y proteger así, la producción nacional. LOPEZ hizo todo lo contrario: mantuvo la libertad de comercio; decretó la desmembración de los resguardos indígenas, cuyas tierras fueron compradas por los terratenientes a precios irrisorios, quedándose los indígenas sin medios de subsistencia, que era obtenida con base en la producción elemental del trabajo colectivo; liberó los esclavos, pues la esclavitud ya no era rentable y su fuerza de trabajo se requería para una nueva forma de explotación: el trabajo asalariado.

Estos dos sectores humanos, indígenas y libertos, dieron nacimiento al proletariado colombiano, clase social destinada a liberarse así misma, sin la guía, ni conmiseración de las clases explotadoras.

Obando fue elegido Presidente de la República, con el respaldo pleno de los artesanos y comprometido con ellos. Obando fue siempre un elemento contradictorio y vacilante; tratando de conseguir el apoyo de los Gólgotas, no cumplió sus promesas y reprimió al artesanado. Fusiló públicamente al artesano Democrático, Nepomuceno Palacios, hecho que complació a los Cachacos, que se envalentonaron para realizar agresiones armadas contra el artesanado, con sus grupos de choque como la Sociedad Popular, de Mariano Ospina Rodríguez y del negrero Julio Arboleda, y la sociedad Filoténica, integrada por estudiantes reaccionarios.

El General José María Melo era respetado y acatado por sus tropas. Como miembro activo de las Sociedades Democráticas había implantado reformas favorables en los cuarteles y realizado un trabajo político, entre las tropas.

Unidos a los artesanos, las tropas entregaron los fusiles y dotaciones a los primeros, formándose una Milicia Popular. Por primera y única vez, en la historia de Colombia se dio el hecho político de la unidad y fraternidad entre el ejército y el pueblo trabajador, que permanecieron unidos, en las acciones políticas y en el combate, en la cárcel y el destierro. Y este acontecimiento es único en nuestro país, cuando quiera que el ejército se transformara más tarde en un azote para los trabajadores y el pueblo colombiano.

Juntos, marcharon a la plaza de Bolívar y de ahí al Palacio Presidencial a ofrecer respaldo a Obando para que asumiera la Dictadura, cerrara el Parlamento hostil, y la Corte Suprema de Justicia, obstáculo para implantar las reformas que necesitaba el país. Obando se negó, entonces el general Melo asumió la responsabilidad del Estado. No suprimió, ni el parlamento, ni la Corte Suprema de Justicia, pues sus integrantes huyeron, alarmados ante lo que ellos llaman la chusma armada.

Muchos se escondieron en las casas de negocios extranjeras. El Vicepresidente Obaldía, que más tarde jugara un vergonzoso papel en la toma de Panamá por los gringos, se refugió en la Delegación norteamericana. El Delegado Gringo se destacó por sus intrigas descaradas contra el Gobierno de Melo.

El General Presidente integró su gabinete con los miembros más destacados de las Sociedades Democráticas, Miguel León y el herrero Eleuterio Herrera, José Vega, zapatero, el Doctor Obregón, como Secretario de Estado. Pretendieron convocar una Asamblea de los Pueblos, para proporcionarse una Constitución y elegir a sus auténticos Legisladores y Jueces.

En el poder de Melo no hubo ni un solo ajusticiado, ni un solo homicidio, ni robos, ni atracos. El pueblo arruinado por el mandato de los liberales y conservadores, entendió que tenían poder, un gobierno que buscaba solucionar sus angustias y miserias. Pero, no pudieron gobernar, pues los responsables del tesoro público y de las rentas huyeron con los dineros; los ricos se encaletaron con sus haberes en metálico.

Melo intentó una reforma Agraria. Alcanzó a escriturar las tierras a los pequeños y mediano cultivadores de tabaco en Santander. El tiempo restante, se lo llevó en combatir, pues, los generales Tomás Cipriano de Mosquera, Pedro Alcántara Herrán y José Hilario López improvisaron ejércitos subvencionados para combatir el gobierno de Melo. Levantaron guerrillas para hostigarlos.

Respondieron a la defensa y sostenimiento del gobierno de Melo, los soldados de la guarnición de Buga, entregando el armamento a los artesanos, los libertos y el pueblo de Palmira y Cali; los indígenas y negros de Popayán, de Facatativá y Zipaquirá, de Antioquia, los indígenas de la Ciénaga Grande del Magdalena, las gentes de Piedecuesta en Santander, los indígenas y moradores de Pasto. Las comunicaciones eran difíciles y no hubo coordinación. Esperaron al enemigo, cuando la táctica debe ser siempre: buscarlo, acosarlo, cercarlo y vencerlo.

Finalmente, en los primeros días de diciembre de 1854, los ejércitos de los generales entraron a Bogotá, donde se combatió heroicamente por parte de soldados, suboficiales, oficiales y artesanos. Fue una lucha a muerte. Cayó el general gólgota, Tomás Herrera, presidente del Parlamento. Las tropas de Melo fueron vencidas, pero ni ellas, ni su jefe se entregaron y menos renunciaron a sus postulados y propósitos; cayeron los artesanos Miguel León y Eleuterio Heredia, heridos, entre muchos, José María Vargas Vila y José Vega.

Los artesanos y soldados unidos verificaron son su esfuerzo y su sangre su intento de construir un gobierno popular, auténtico representante de los libertos, de los indígenas, de los intelectuales consecuentes, del estudiantado progresista, de los artesanos y productores de las ciudades y el campo, pero las fuerzas coaligadas de la oligarquía, en el Primer Frente Nacional, bipartidista conocido, estrangularon este propósito, de los hombres y mujeres de trabajo.

Hasta el final de esta primera guerra civil de clase se mantuvieron firmes, consecuentes con su consigna central de PAN, TRABAJO O MUERTE, mucho más radical, más auténtica, verdaderamente revolucionaria, que las de muchos seudo-revolucionarios de hoy, que se desgastan y languidecen melancólicamente ante un umbral electoral.

Los presos y detenidos, muchos heridos, sufrieron atropellos y vejaciones, sin juicio, sin ninguna forma de defenderse. Doscientos fueron llevados a pie hasta los presidios del Changres en Panamá: muchos murieron o fueron asesinados en los tortuosos caminos, ahogados en los ríos y caños y otros presidiarios murieron de hambre y de malaria. Ninguno regresó.

Los llamados Civilistas, encabezados por el gólgota Murillo Toro, realizaron una convención en Ibagué, para destrozar también el gobierno de Melo. Con la presencia del Delegado gringo, Míster Logan, que llevó la orientación le ofrecieron tres millones de hectáreas del territorio colombiano al Gobierno de los Estados Unidos, para que los protegiera con sus tropas de la chusma armada con ancias de poder, incluso hubo propuesta de anexar a Colombia a los Estados Unidos.

Con grandes bailes y paseos celebró la oligarquía la derrota de los artesanos. Se burlaron de sus muertos y heridos. El General Melo fue desterrado y años más tarde murió en Méjico, peleando en las tropas de Benito Juárez, que libró la primera guerra de liberación nacional triunfante.

Los realistas fueron perseguidos, infamados acosados. Se les sindicó de bandoleros, hampones, comunistas, hasta que fueron finalmente, olvidados, barridos de la memoria histórica. Pero, no arriaron sus banderas: en 1876, se levantaron los artesanos y pobres de Bucaramanga y, en 1896 en Bogotá. Hubo 60 muertos en las confrontaciones de seis días. Por primera vez, se cantó en Colombia la Internacional.

Los esfuerzos y la sangre derramada por los artesanos constituyen un legado valioso para los trabajadores de todos los tiempos, en Colombia.

En las décadas siguientes se efectuaron varias guerras locales llamadas de los Supremos: arrogantes militares que querían el poder de sus regiones en confrontación con otros de la misma clase y especie.

Formaban sus tropas con las vedas o reclutamiento a la fuerza en las plazas de mercado. Amarraban a los campesinos y moradores de los pueblos y los conducían a cuarteles improvisados; los armaban y los destinaban a combatir a morir y a matar por una causa ajena, por las ambiciones de poder de unos caudillos, latifundistas y reaccionarios. Estos soldados a la brava, que murieron, quedaron heridos y arruinados, eran trabajadores productores, eran campesinos e indígenas, gentes sencillas de pueblos y veredas.

En esa época, el radicalismo liberal había alternado en el poder frente al conservatismo, y predicaba y aplicaba medidas duras contra la clerecía, apartando su ingerencia frente al Estado y lesionando su influencia entre la población. Cuando Tomás Cipriano de Mosquera propició una guerra, que llegó triunfante a la capital, saqueó los conventos e intervino los intereses económicos de la iglesia y sus cofradías, pues, se había transformado. El ahora Mosquera liberal, tuvo en Rafael Núñez, un ayudante importante en las represalias a la clerecía.

Estas acciones fueron respondidas por las guerras de las sotanas y el repudio de los fanáticos religiosos, pero, también dio un gran prestigio al radical costeño, que obtuvo distinciones gubernamentales, convirtiéndose en gran político nacional. Como tal, después de diez años en el extranjero, regresó para asumir el gobierno de los departamentos de Bolívar y Panamá.

Montó una disidencia liberal y asumió la Presidencia de la República, con el apoyo de los godos. No mutiló, ni rellenó la Constitución de 1883, con articulitos, sino que la eliminó de un plumazo. Promovió una especie de Constituyente, Un Consejo Nacional de Notables, designado a dedo, que aprobó la Constitución de 1886, que nos acompañó hasta 1991. Creó el Partido Nacional con sus allegados y áulicos, para sostener la Regeneración. Ese Partido Nacional integrado con conservadores y renegados del radicalismo, es tan parecido en el tiempo y la distancia al actual Partido de la U, cuyos promotores también, son incondicionales, rastreros y moscardones como José Obdulio Gaviria, Benedetti, Luis Guillermo Giraldo, Luis Carlos Restrepo y los excombatientes guerrilleros Rossemberg Pabón, Evert Bustamante y Jorge Franco, que se dedican, como en el pasado los nuñiztas, a la búsqueda de una reelección presidencial permanente y a exaltar para siglos el pensamiento y la obra neoliberal, fascistoide de su jefe.

Núñez se propuso arrasar con el radicalismo, declarándolo subversivo y ateo. Liquidó la prensa y la imprenta, las reuniones políticas opositoras, cercenando las libertades públicas. Los acosó con el espionaje y la delación, con las redadas policiales, con multas, presidio y destierros.

Desesperados los radicales, se fueron a la guerra de 1885, que se libró fundamentalmente en la Costa Atlántica y en el curso medio y bajo del Río Magdalena. Esta guerra precipitada y mal preparada, pero justa, enterró con su derrota las perspectivas de poder de los radicales y propició, sin quererlo una hegemonía conservadora por 46 años, con la postración del país a la clerecía, a las imposiciones de la Santa Sede.

El General Gaitán Obeso, sitió a Cartagena, pero el sitio fue roto por los conservadores y liberales de derecha, que armados modernamente, con 7.000 fusiles oficiales, suficientemente dotados, que entregó el gobierno a sus amigos y con ayuda de la Marina norteamericana que, situada en la bahía, mató combatientes liberales y dotó al os sitiados, de agua, alimentos, medicinas y armas.

Los radicales combatieron, entonces, por el curso del Magdalena, donde las fuerzas nuñiztas les incendiaron sus barcos y libraron la última batalla heroica y desesperada en Tamalameque, donde, finalmente, fueron vencidos en la Humareda. La matanza a los vencidos, heridos y prisioneros fue espantosa, no se tuvo ni el más mínimo humanismo frente a ellos. El gallardo general Gaitán Obeso, de solo 32 años, fue apresado y conducido al presidio de Cartagena y más tarde a otro en Panamá, donde murió envenenado.

Con la derrota del radicalismo se acentuó la persecución y los crímenes contra los cabecillas y masas trabajadoras que lo respaldaban.

Núñez era inteligente y capaz, un disoluto y sibarita, un egoísta, un maniobrero, un tramposo, un maniático por el poder absoluto y un mal poeta, que se confabuló con su mujer, Soledad Román, conservadora y fanática religiosa, beligerante, manipuladora, que en la práctica ejerció el poder, en asocio con sus copartidarios, los Arboleda, los Caro, los Holguín, que usufructuaron el presupuesto nacional en jugosos contratos en la sal, la construcción de vías férreas, de caminos, de edificios estatales, sin control de ninguna especie, que les permitió acrecentar su poder económico y político.

Núñez retrocedió el país a la época de la Colonia, entregándolo a los herederos políticos y morales de la Corona, y como en la colonia, la clerecía volvió a dominar la vida de los hombres y mujeres del país, desde su nacimiento, en el matrimonio y en la muerte, hasta 1934 que el gobierno liberal impuso el Registro Civil de Nacimiento y la Cédula de Ciudadanía, como único instrumento de identificación ciudadana.

Núñez aprobó el concordato con el Vaticano, que siempre se ha opuesto al matrimonio Civil y Divorcio. Estableció la ingerencia de la Iglesia en el Estado, la enseñanza y la escuela; propició el retorno de las misiones religiosas de Jesuítas, Franciscanos, Eudistas, que se utilizaron para la “civilización de indígenas”, a través del Evangelio. Esta misiones se desplazaron por la Sierra Nevada de Santa Marta, por los Territorios Nacionales, la Guajira, explotándolos con trabajos forzados en sus haciendas y granjas, en la construcción de Iglesias y edificios, con multas y diezmos; castigándoles y borrándoles sus dialectos y costumbres, sus vínculos con sus etnias y comunidades.

Devolvió los bienes a la Iglesia, conventos, seminarios, haciendas y fincas, curias y sacristías, así como los cementerios, restituyéndoles con intereses, supuestamente ganados desde la época de la expropiación. Pagó las misiones y a los curas sermoneros, los costos de conventos, seminarios y colegios, entregó la rectoría de escuelas y la educación a los pastores de almas, obispos, arzobispos, curas y monjas.

Perseguida la Literatura y las publicaciones progresistas y, aún más, al “abominable” Manifiesto Comunista, que ya rondaba clandestinamente por un país con factores de perturbación, de subversión contra un régimen de ignominia, conservador, sectario y católico, que había iniciado el Señor Núñez y Moledo y sus inmejorables colaboradores y serviles, se recrudece la oposición radical.

En consecuencia, los Radicales se levantaron en una guerra civil efímera y fracasada en 1892, que acrecentó las medidas represivas y arbitrarias de la Hegemonía conservadora.

Desesperados, los liberales y, ante las condiciones objetivas, propiciadas por la represión y la corrupción administrativa, emprendieron la guerra de LOS MIL DÍAS. Se combatió con ahínco, los ejércitos del gobierno y sus guerrillas conservadoras, crueles e infames, como las levantadas en Nariño por el cura español Ezequiel Moreno, el Quinto del Cauca y el quinto de Garzón (o los Timbicos del Huila), que asesinaban liberales hombres y mujeres, ancianos y niños, colaboradores y simpatizantes de las huestes armadas del liberalismo, también combatieron las guerrillas liberales integradas por hombres y mujeres del pueblo, campesinos, arrieros, bogas, trabajadores de fincas, hatos y haciendas, y los asalariados de Mariquita, así como los indígenas del Cauca y Panamá.

Pese a la superioridad del armamento y dotaciones, de propaganda y medios de abastecimiento de parte del gobierno conservador, frente a las penurias del liberalismo, esta guerra de carácter nacional pudo haber triunfado, pero se atravesó el imperialismo norteamericano, que por el Pacífico y el Atlántico, destinó su Séptima Flota para hostigar a los liberales de Panamá e imponerles el cese al fuego y un armisticio con el gobierno conservador, que implicaba el indulto para los combatientes liberales, pero en el fondo buscaba la limpieza de insurrectos para dar el zarpazo y adueñarse de las obras del Canal de Panamá y someter a su pueblo a su presencia armada en el Canal, como amenaza para cualquier país de América Latina que osara levantarse contra su prepotencia.

El indulto a los combatientes liberales no se cumplió y, bajo las órdenes del gobierno conservador, Aristóbulo Fernández, ministro de guerra, fusiló y asesinó combatientes y colaboradores, como a los llevados a la Hacienda El Papayo, en Ibagué, que nunca regresaron. Los fusilamientos en la madrugadas, en Ibagué y Honda; el fusilamiento del jefe de guerrillas liberales de Panamá, el heroico indígena Victoriano Lorenzo, en pleno centro de la capital panameña y el acorralamiento y homicidios, de los que fueron víctimas los indígenas liberales de ese entonces, departamento colombiano, atrasado y abandonado por la hegemonía conservadora.

Y, como en toda confrontación armada de envergadura, cuando se deponen las armas, cuando se realizan pactos y armisticios, sin haber triunfado, quedan sus combatientes, sus huestes, sus simpatizantes al arbitrio del enemigo, víctimas de las atrocidades, de las persecuciones y retaliaciones, indefensos y maltrechos.

Por tanto, ante la carencia de un reforma agraria, ante el hambre y la penuria, muchos hombres, acompañados solamente, de sus machetes, de sus mujeres, de sus hijos y perros famélicos, irrumpieron en las montañas y baldíos, a tumbar monte y a hacer sus abiertos, crear sus fincas, para que más tarde los sacaran a plomo los latifundistas auspiciados, protegidos y estimulados por los gobiernos conservadores fascistas.

A finales del siglo XIX, el comerciante peruano Arana, emprendió la explotación del caucho en el Vichada y la Amazonía, endeudó con baratijas a los indígenas y montó la Casa Arana. A este se sumaron otros explotadores colombianos, peruanos y otros ecuatorianos.

La explotación cauchera fue atroz, no solamente, con los moradores, sino también con la naturaleza. A los indígenas y a otros ciudadanos, de distintas latitudes, se les obligó a trabajar en condiciones infrahumanas.

A los nativos les quemaron sus malocas, sus chagras y huertas, canoas y equipos de pesca, se les torturó y asesinó, incluso, quemándolos vivos delante de la comunidad. Montaron un equipo armado de espías, cazadores de indígenas, capataces que los obligaban a trabajar. Reclutaron un grupo de jóvenes indígenas, que fue muy eficiente, pues conocían las trochas, sabían navegar y daban rifle a sus congéneres.

Fueron incontables los atropellos y masacres, hasta cuando los indígenas se decidieron a pelear. Incendiaban los almacenes, comisariatos, bodegas y destruían herramientas y ajusticiaban a los capataces y coimas de los patronos. Se calcula que más de treinta mil (30.000) indígenas perecieron en estas empresas y muchos quedaron heridos, mutilados y enfermos.

Fue un real genocidio, que se extendió hasta principios del siglo XX, ante la indiferencia y complicidad de los gobiernos. Solamente, periodistas y escritores de Ecuador y Colombia, así como sectores de opinión democrática de Inglaterra, desenmascararon los crímenes contra los nativos, y otros trabajadores del caucho.

Las empresas caucheras quebraron por el agotamiento de las fuentes primitivas, pero más que todo, por la introducción en la industria extranjera de los sintéticos que reemplazaron el látex.

Y, entonces, se levantó el proletariado en fábricas, caminos, carreteras, tabacaleras, construcciones, sastres, talabarteros, zapateros a organizar sus sindicatos y asociaciones, ya no carácter partidista, sino como trabajadores independientes, de los patronos, del estado, de las cofradías religiosas. Y los campesinos conformaron sus ligas, sus asociaciones, reclamando su derecho a la tierra, al trabajo y a la subsistencia. Se les respondió con leyes represivas y con la acción de la fuerza pública. En Fusagasuga, en la Hacienda Chocho, cayeron abaleados varios huelguistas; lo mismo en Montenegro (Caldas), en una huelga de los escogedores de café.

Los campesinos moradores del Magdalena Medio, (antes Territorio Vásquez), fueron objeto de una racha de limpieza y despojo, pues se les corrió a sangre y fuego, para propiciar la explotación petrolera de la Concesión Flores, cedida a la Shell, iniciándose así, la llamada Ruta de la Violencia Petrolera, que empieza en el nacimiento del Río Magdalena y termina en su desembocadura, en las aguas del Océano Atlántico.

Para 1911, empezó a desarrollarse la lucha indígena. Guiados por QUINTÍN LAME, en el departamento del Cauca y se extendió a todas las comunidades indígenas del todo el país. Sus consignas eran por el respeto a los Resguardos, a sus costumbres, al derecho a la tierra, al trabajo y a la igualdad social. En el Cauca fueron acosados por los latifundistas y el Estado. Eran encarcelados, disueltas sus manifestaciones y, en algunos lugares, quemadas sus viviendas.

QUINTIN LAME se desplazó con parte de sus huestes al Sur del Tolima, a la región de Yaguara, que según la leyenda, era el último refugio de los Pijaos, exterminados por los conquistadores (invasores). En esa región, libraron los indígenas, duras luchas, que el gobierno reprimió en beneficio de los latifundistas del Guamo, Ortega y Chaparral. Igualmente luchaban por sus aspiraciones los indígenas de Natagaima, Coyaima, Nariño, Valle del Cauca, Caldas, así como los de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Esta organización ha sido la más numerosa de carácter permanente en Colombia; un ejemplo de firmeza, abnegación y disciplina. El gobierno reprimió con saña a los indígenas; instaló colonias penales, como la del Sur de Atá, lugar inhóspito, a donde eran conducidos los presos a pie y amarrados, acusados de vagancia y ratería. Más Tarde se estableció la Colonia Penal de Araracuara, en plena selva. En ella murió ahogado en 1953, Elcías Molina, dirigente de los trabajadores de la caña de azúcar, del Valle del Cauca.

Después, construyeron la cárcel de la Isla Gorgona, inaugurada por Rito Antonio García, guerrillero liberal de Santander, que fue trasladado a la Picota, cuando por clamor popular se clausuró. Lo mismo fueron llevados a ella los combatientes Oscar Reyes y Jaime Guaracas.

Cientos de campesinos de la región del Tequendama, del Oriente del Tolima y de Sumapaz, en la época de la dictadura Rojas Pinillista, también fueron conducidos a esa colonia penal del Araracuara.

El 6 de diciembre de 1928, se efectuó la Masacre de las Bananeras. La huelga cumplía con todos los requisitos legales. El gobierno promulgó la llamada Ley Heroica, declaró turbado el Orden Público en toda la zona; el ejército estaba facultado para disparar a cualquier grupo de tres personas o más. Se allanaban las sedes sindicales, se encarcelaban sus dirigentes. Esa tarde, los huelguistas realizaban una concentración, a la que asistieron con sus familias. El general Cortés Vargas se hizo presente y dio cinco minutos para desalojar la estación del ferrocarril de Ciénaga Magdalena, al cumplir tal plazo, dio la orden de fuego. Cayeron millares de trabajadores acribillados por las balas Dun-Dun, proyectiles prohibidos por la Convención de Ginebra. Los cadáveres fueron regados por la playa, por las calles de la ciudad, y muchos de ellos fueron trasladados en la lanchas a los barcos bananeros en alta mar y arrojados a sus profundidades.

Esta huelga dejó muchas experiencias. Un contingente de tropas se negó a disparar sobre los manifestantes. Por primera vez y después de la masacre, se combate en una huelga. Se cazaron a los espías y esquiroles. Tuvieron solidaridad de los sindicatos, especialmente de los de la Costa Atlántica.

La huelga paralizó la siembra y recolección de banano, durante los tres meses que duraron los enfrentamientos entre los trabajadores y la fuerza pública, donde cayó abatido el dirigente obrero ERASMO CORONEL. Muchos dirigentes sindicales fueron apresados y llevados a juicio. Y todo hubiese quedado impune, como todos los crímenes de la Hegemonía Conservadora, de no ser por el joven jurista JORGE ELIÉCER GAITÁN, que recorrió la zona, habló con sus moradores, con los sobrevivientes y emprendió un debate en el Congreso de la República, sindicando al gobierno de MIGUEL ABADÍA MÉNDEZ Y A SU MINISTRO DE GUERRA, GENERAL RENGIFO, y al ejército colombiano de verdugo de los trabajadores al servicio de la UNITED FRUIT COMPANY, que explotaba, no solo a nuestro pueblo, sino también, a los países de Centro América.

Nuevamente, rendimos tributo de respeto y consideración a las víctimas de las masacre de las bananeras, patrimonio invaluable de los trabajadores de todos los tiempos.

La producción intensiva de banano colapsó, no por los efectos de la huelga, sino por la crisis de Superproducción Relativa, que estalló en 1929, cuando cayeron las importaciones y exportaciones, que azotó al mundo capitalista, llenando de miseria y penuria a los trabajadores.

En 1929, se levantaron los Bolcheviques del Líbano (Tolima). Pretendieron instaurar la República Soviética, primer intento en América Latina, después de la Revolución de Octubre. Muchos sectores han señalado este acto revolucionario como una aventura. Pero las condiciones estaban dadas, ante la presencia de una gran recesión económica y además, contaban con un equipo político, como el Partido Socialista Revolucionario, con aliados desesperados ante el mandato de la Hegemonía Conservadora.

En 1928, en pleno reinado de los estudiantes, en Bogotá, en un desfile, abalearon a la multitud y pereció el estudiante BRAVO PAÉZ, DESATÁNDOSE UNA GRAN REPRESIÓN CONTRA EL ESTUDIANTADO.

Todos estos hechos llevaron a la crisis de la Hegemonía Conservadora, que en las elecciones presidenciales de 1930, perdió tal elección y su mandato de 46 años en el poder, llenos de abusos, crímenes, desfalcos, corrupción y burocratismo.

Al asumir el poder los liberales, los godos montaron una resistencia armada, que casi culmina en guerra civil, llamada de los “viudos del poder”, cometiendo asesinatos de liberales, de alcaldes y funcionarios del gobierno, pero fueron sometidos y prefirieron participar burocráticamente en el gobierno de ENRIQUE OLAYA HERRERA.

EN EL MANDATO LIBERAL avanzó el movimiento sindical, las Ligas y Asociaciones Agrarias, así como el movimiento indígena, que se había constituido desde 1911 en su eterna lucha por la tierra y sus reivindicaciones sociales.

Con huelgas, manifestaciones y protestas de los trabajadores, se obtuvo la inclusión de las reivindicaciones sociales en la Legislación Laboral. En algunos lugares perduraron las multas, las cárceles y persecución en haciendas, la especulación en los comisariatos y tiendas de los hacendados.

Crecieron las luchas de campesinos en la región del Tequendama, Sumapaz, Oriente del Tolima, la Costa Atlántica, en el departamento del Tolima, en Natagaima y Coyaima, por la toma de tierras, que les habían despojado, por aumento de Salarios, por mejores condiciones de vida, etc.

ALFONSO LOPEZ PUMAREJO, a pesar de la oposición de los conservadores y de los liberales de derecha, promulgó la Ley 200 de 1936, para legalizar los predios agrarios, en poder de los campesinos, pero salieron a relucir los títulos dados por la Corona Española; las tierras regaladas por los presidentes y generales conservadores a sus parientes, compadres y ahijados, y los abogados de éstos, impusieron muchas trabas jurídicas para entorpecer las partes positivas de esta Ley.

A los gobiernos liberales les correspondió el ascenso de las derechas en Europa, especialmente, el ascenso de FRANCISCO FRANCO Y LA FALANGE, en España. El Clero y los conservadores se identificaron de inmediato con los propósitos de la ultraderecha. Auspiciaron a los integrantes de la Quinta Columna, a los espías y provocadores, y públicamente celebraban los éxitos de Franco, Mussolini y de Hitler, en concentraciones que terminaban en enfrentamientos con los Comunistas y sectores Democráticos.

Los nazis crearon sus organizaciones en distintas ciudades, con sus ejércitos, que promovían el Golpe de Estado. Hasta entonces, el pueblo colombiano sentía un gran repudio contra el imperialismo yanqui, por la toma de Panamá. Pero, el entrar los Estados Unidos, a la Guerra Mundial, haciendo parte de la Coalición Antifascista, la Embajada Americana y las comisiones del FBI, modificaron esta posición, ante el peligro de la toma por parte de los nazis, del Canal de Panamá. En parte era justificada esta posición, pero tocó a los colombianos defender un territorio que bajo el zarpazo artero, los gringos se habían apropiado, con el respaldo de gobiernos títeres y también con la oposición de los panameños progresistas.

Los grupos fascistas perseguían a los judíos y a los refugiados políticos, opositores del fascismo. En Barranquilla, se constituyó públicamente, el Partido Nazi, dirigido por Vicente Welpe, con sus brigadas y milicias militares. En Cali funcionaba la Casa del Fascio. Muchos colombianos de derecha, así como militares participaban en estas acciones, entre ellos, Juan Roa Sierra y su hermano, el primero de los cuales se le ha sindicado de la muerte de Gaitán.

El golpe militar fue ejecutado el diez de julio de 1944, cuando amarraron al Presidente de la República, ALFONSO LOPEZ PUMAREJO, en Pasto, Nariño, porque se insurrectaron algunas guarniciones. El capitán Gregorio Quintero mató a su superior el Coronel Guarín, por no apoyar el golpe. Las masas populares respaldaron al gobierno y se aplastó esta tentativa de golpe militar reaccionaria, que de haber triunfado, hubiese adelantado la violencia en dos años, dando también un respiro a las fuerzas en derrota del nazi-fascismo, acosadas por el ejército rojo, ya en territorio alemán.

Al Partido Liberal, le faltó beligerancia para aplastar las fuerzas de la reacción y para hacer reformas contundentes en beneficio del pueblo y de toda la Nación.

En 1946, perdió las elecciones el partido liberal, por su división interna, dando paso al gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez. El día del triunfo conservador, en las horas de la tarde, se inicia la racha de atropellos contra el liberalismo, especialmente en Boyacá y los Santanderes. Incontenibles, los godos, saquearon residencias y fincas, las incendiaron, apalearon y corrieron a los liberales.

La Administración Ospinista destituyó a funcionarios públicos liberales, devolvió los grados y restituyó en sus mandos a los militares facciosos, con fuero, que habían participado en el golpe del diez de julio. Reorganizó la Prefectura (antecesora del SIC y del DAS), con conservadores sectarios y la ayuda de los restos de la División Azul, que llegaron desde España; trajo a Serafín Rumandi, sindicalista italiano, para crear la Unión de Trabajadores de Colombia, UTC, y desarrollar la división y el paralelismo sindical. La UTC fue desde su fundación, patronal, clerical y conservadora.

El movimiento de JORGE ELIECER GAITÁN, crecía abrumadoramente. En 1947, ganó las elecciones legislativas, siendo elegido Jefe del Partido Liberal, correspondiéndole ejercer la dirección con la oposición de sus enemigos oficialistas, como CARLOS LLERAS RESTREPO, ALFONSO ARAUJO y otros dirigentes que odiaban a Gaitán y temían a su movimiento de masas.

En el recrudecimiento de la violencia, donde se asesinaba a campesinos, a ciudadanos indefensos, Gaitán convocó al pueblo a la Gran Marcha por la Paz. Fue impresionante, esta manifestación silenciosa. En su Oración por la Paz, Gaitán expuso el genocidio que se ejecutaba contra el liberalismo, estimulado por las consignas sectarias, lanzadas desde las altas esferas y jerarquías del gobierno.

La invitación de José Antonio Montalvo, ministro de gobierno, a exterminar a sangre y fuego al liberalismo, a quien sindicaba de ateo y subversivo; el sectarismo asesino de los dirigentes conservadores, la responsabilidad del gobierno en estos crímenes, fueron denunciados por este conductor de multitudes.

La última vez que Gaitán habló en un acto público, fue en Manizales, ante los féretros de los choferes de la ciudad que fueron acribillados a tiros por la fuerza pública. Días antes del nueve de abril de 1948, se instaló la Conferencia Panamericana. El general Marshall, jefe de la delegación norteamericana, presionaba a los delegados asistentes, para la aprobación de la Moción Anticomunista, correspondiente a la Política de Guerra Fría, iniciada después de la Segunda Guerra Mundial.

Los delegados latinoamericanos estaban interesados en el desarrollo económico de sus países; y no veían un peligro en el comunismo. Entonces, se recurrió a la Operación X, dirigida por la naciente CIA, con el apoyo de los sectores de ultraderecha colombianos, que consistía en una gran provocación, que asustara al mundo y, en especial, a los delegados, para el cumplimiento de los propósitos de la política gringa.

Ese viernes, nueve de abril de 1948, en las horas de la noche, en el Teatro Municipal, Gaitán se pronunciaría sobre la Conferencia Panamericana. Ante la incertidumbre de sus planteamientos, resolvieron asesinarlo, para sindicar de este crimen al comunismo internacional. Y, después de la una y cinco de la tarde de ese día, se partió la historia del país. Jamás volvió a ser como antes, creció la violencia, pero también, la resistencia de las masas.

Esa línea divisoria nos acompaña hasta hoy, aunque muchos reaccionarios afirmen que no existe conflicto armado.

Entonces, ante el líder acribillado a tiros en plena carrera 7ª, se presenció un levantamiento armado, espontáneo, sin convocatoria, ni dirección, incontenible como protesta, ante la alevosía del Estado, cuyas fuerzas reaccionarias frustraron, una vez más, las posibilidades reivindicativas del pueblo, su derecho a albergar la esperanza de una vida mejor.

El alzamiento se extendió por todo el país. En Bogotá hicieron presencia los tanques de guerra, que barrieron a los manifestantes. Grupos de liberales armados, llegaron a las puertas del Palacio Presidencial, para apresar al Presidente Ospina, pero la presencia de la Dirección Liberal, que pretendía exigirle la renuncia al Presidente, frenó a los insurrectos. La Dirección Liberal no logró la renuncia, sino el compromiso de integrarse al gobierno, para aplastar el levantamiento popular. Una vez más, los dirigentes liberales derechistas, traicionaban al pueblo.

La policía, como caso único en la historia, repartió los fusiles a los insurrectos y marchó a combatir al lado de ellos. Hubo muchos actos negativos en esta jornada, como la salida de los presos comunes de las cárceles y el consumo de licor.

Acorralado por la beligerancia del levantamiento, Ospina Pérez, llamó al viejo Jiménez de la vereda Chulavita, en Boyacá, para que viniera a Bogotá, con sus huestes conservadoras armadas, que llegaron en la madrugada del 10 de abril, a realizar una matanza espantosa. Nunca se puede calcular acertadamente, cuantos muertos y heridos contó esta jornada.

El general Marshall apostado en los balcones del Hotel Regina, donde se hospedaban los delegados de la Conferencia Panamericana, barrió con una pieza de artillería a quienes protestaban en la Avenida Jiménez.

Las víctimas del nueve de abril, fueron los trabajadores, que ante el crimen de Gaitán, realizaron la huelga política, espontánea, armada, la primera conocida en la historia del país, por los artesanos, tenderos, pequeños comerciantes, vivanderas de las plazas de mercado, zapateros, sastres, pueblo común y corriente. El levantamiento fue aplastado, pero mostró al mundo, la fuerza del pueblo colombiano, su capacidad de lucha, su decisión y abnegación. Ante las ruinas de Bogotá, ante la respuesta armada por el crimen de Gaitán, los delegados latinoamericanos aprobaron la Moción Anticomunista, sumándose a los designios del imperialismo norteamericano.

Después del 9 de abril, se acrecentó la represión oficial; requisas, allanamientos, encarcelamientos; Consejos de Guerra Verbales; lanzamiento de presos del Valle del Cauca desde los aviones que los transportaban a Pasto, para ser juzgados, se declaró el Estado de Sitio en todo el país, con las implicaciones que todos conocemos de cercenamiento de las libertades públicas.

En septiembre de 1949, LAUREANO GOMEZ regresó al país, de su exilio voluntario en España, cuando huyó de las multitudes armadas, que lo sindicaban a él y a sus hijos como autores intelectuales del asesinato de Gaitán. El recibimiento en Medellín fue espectacular; asistieron godos de todo el país, que marchando a paso de ganso, juraban continuar en el poder, contra la hidra del comunismo. Laureano hizo reafirmación de los postulados falangistas, de su entrañable amistad con Francisco Franco. Se postuló como candidato a la Presidencia de la República.

Las elecciones de 1949 han sido las más sangrientas conocidas, que ha tenido Colombia. En noviembre, en un debate en el Congreso de la República, los conservadores del Boyacá, general retirado Amadeo Rodríguez y Alfonso del Castillo, dispararon contra los congresistas liberales, indefensos, cayendo abatido el Representante a la Cámara Gustavo Jiménez y herido gravemente del doctor Soto del Corral. Ospina Pérez cerró el Congreso a culatazos dados por el ejército; declaró turbado el Orden Público, y llamó al conservatismo a defender al Gobierno y al Partido Conservador. Para la conformación de la Policía, se presentaron millares de godos. En la vereda Chulavita, desde los niños de diez años hasta los ancianos, para cumplir con el mandato de su partido y su Gobierno. Por ser oriundos de esta población, la gran mayoría, la policía se apodó “chulavita”, de ingrata recordación, porque el ejercicio de su misión siempre era asesinar, robar e incendiar pueblos y veredas de los liberales y de los comunistas, al lado de los “pájaros”, sus compinches, godos que integraban las ”guerrillas de paz”.

Los actos vandálicos de tales defensores del orden público, de la moral católica, apostólica y romana, se extendieron por toda la geografía colombiana, que padeció los rigores del Estado de Sitio y las demás medidas represivas del Estado.

Se mencionan algunas conocidas masacres contra la población trabajadora, como la del El Carmen, Norte de Santander, ejecutada por los chulavitas y los pájaros, bajo el mando del cura Anselmo, los doctores LUCIO PABÓN NUÑEZ, BAYONA CARRASCAL Y SAMUEL MORENO DÍAZ, aprovechando la asistencia de la población, de mayoría liberal, a una procesión religiosa., el 16 de julio de 1949.

Igualmente, las masacres en el Valle del cauca, en poblaciones y veredas, como Ceylán, Betunia, Santa Elena, Barragán, La Tebaida, Caicedonia, Buga, Tuluá, Trujillo, es decir, en todo el departamento, bajo la conducción de los Borrero Olano, el Gobernador Colmenares, César Tulio Delgado José Garcés Giraldo, Florencio Rodallega, Luna y Sepúlveda, del Directorio Conservador y su sicario mayor, LEÓN MARIA LOZANO ( el Cóndor) y sus secuaces “lamparilla”, “dos gardenias”, el “niño”, “media cara”, los hermanos Marmolejo, más los presidiarios, autores de crímenes, que fueron sacados de las cárceles como la Hiena, Pájaro Verde, Pájaro Azul, etc., que asolaron las regiones.

Y, entonces, como siempre se pagaban recompensas por cada par de orejas humanas, que pájaros y policías presentaban a sus jefes, así como ahora, se exhibe la mano putrefacta de un combatiente y se presenta como un éxito de la Seguridad Democrática.

El exterminio, uno a uno de los jovencitos de un Club Deportivo de Tuluá y de gran parte de los miembros del Directorio Liberal de este municipio.

La masacre de la aldea Caracolí en el Cauca, en noviembre de 1949, de cuyos 76 habitantes, se salvó uno solo, porque se escondió a tiempo.

Los 19 liberales abaleados en Bello, por el grupo de godos dirigidos por Belisario Betancourt (el Bélico), y el tuso Navarro Ospina (Noviembre de 1949).

La masacre de la Casa Liberal, en pleno centro de Cali, ejecutada el 27 de octubre de 1949, donde fueron acribillados por la Policía y los pájaros los asistentes a una concentración política, más los refugiados y sobrevivientes de las matanzas del departamento. Perecieron hombres, mujeres, ancianos y niños.

El ejército, cuyo comandante era el Teniente Coronel GUSTAVO ROJAS PINILLA, se presentó para acabar de liquidar a los sobrevivientes. Muchos detenidos fueron conducidos a la Sección Policial, donde fueron torturados y rematados y sus cuerpos lanzados al Río Cauca.

Las masacres de Urrao, Pavarandó y otras veredas y pueblos, el arrasamiento y los asesinatos en las poblaciones de Dabeiba y Cañas Gordas; los asesinatos selectivos en Medellín. Es decir la ola homicida de las hordas azules se extendió por todo el Departamento de Antioquia.

El departamento del Viejo Caldas ostenta el fatídico privilegio de tener, en esa época, junto con Boyacá y Nariño el más numeroso contingente de chulavitas y “pájaros”. En Caldas realizaron masacres en Génova, en Calarcá, Pijao, Salento, la región de Cocora, por toda la Cordillera Central. Los asesinos eran conservadores e inmensamente católicos.

En Nariño, se desató la violencia estatal y conservadora a lo largo y ancho de todo el departamento, dirigida por los Salazar Buchelli, Arcesio Dorado y José Ángel Pérez, del Directorio Departamental Conservador.

Los liberales del Cauca, así como las comunidades indígenas, padecieron toda clase de crímenes y atropellos, bajo la gobernación de Aristides de Angulo y su Directorio Conservador. A muchos liberales de Popayán les atacaron sus casas con explosivos. En 1952 fue asesinado José Gonzalo Sánchez, líder indígena y fundador del Partido Socialista Revolucionario y del Partido Comunista de Colombia.

La toma, por la policía chulavita y los “pájaros” a la población de San Antonio (Tolima), el 7 de noviembre de 1949. Hubo saqueo de almacenes y tiendas de liberales. A sus dirigentes se les emprendió a culatazos; varias de sus esposas e hijas fueron violadas públicamente, por la chusma conservadora; derribaron varias viviendas a bombazos; expulsaron al Alcalde liberal y a su familia del pueblo, y no pudieron abusar más, porque un grupo de muchachos liberales, desde las lomas de los alrededores los corrieron a plomo.

Los asesinatos en la ciudad de Chaparral, de José Garzón, Eccehomo Sierra y Chucho Castro, comunistas, el último de los cuales, dirigente de las Ligas Agrarias de la región. Los centenares de campesinos capturados y conducidos amarrados para asesinarlos en las orillas de la carretera, que de Chaparral Conduce a Coyaima, entre ellos las hermanitas Valbuena, pertenecientes al Partido Comunista.

La masacre de la vereda Santuario, cercana a la población de Chaparral, donde fueron asesinados a tiros y descuartizados a machete por la policía y los “pájaros” de los Ángeles y Altamira, cuando asistían a una diligencia judicial, por litigio de tierras, en abril de 1950.

Las matanzas de campesinos reunidos para organizarse como un grupo de resistencia, cuando arribaron unos oficiales del ejército, a ofrecerles armas y, en un descuido, los encañonaron, fueron amarrados y por el camino a la población del Limón fueron asesinados uno a uno.

Las masacres de la población de Río blanco, las veredas La Profunda, el Palmichal, el Quebradón, etc., que se ejecutaron después del año de 1949.

Los atropellos, en el Ataco (Tolima), por parte de la policía y los pájaros, contra el liberalismo, donde en plena plaza de mercado, torturaron a los presos políticos. En la calle central fue asesinado el dirigente gaitanista, JOSE DE LA ROSA RODRIGUEZ. Todos los liberales fueron apedreados y sacados del pueblo, junto con sus familias.

Las matanzas en el Sur de Atá; entre ellas el incendio del Templo Evangélico con su pastor y lo asistentes al culto, adentro. Murieron todos incinerados, en la vereda de Campo Hermoso, en marzo de 1950.

Las masacres y asesinatos en Roncesvalles, Barragán y gran parte de la Cordillera Central. En algunas de ellas actuaron los chulavitas ISAURO MURCIA y sus hermanos, más tarde esmeralderos y narcotraficantes millonarios.

Las masacres y asesinatos en el Norte y Plan del Tolima, donde perecieron millares de campesinos, artesanos, tenderos, obreros del Ingenio Pajones, por parte de la policía y de los godos de Santa Isabel, Villahermosa, Herbeo, Fresno y Anzoátegui. Los dieciséis liberales fusilados en la Plaza del Líbano, al amanecer del Miércoles Santo de 1952.

Las decenas de muertos en Coyaima, a manos del Alcalde Chulavita, Darío Vidales, que eran lanzados al río Saldaña y los liberales asesinados por el alcalde Rosos Mossos y lanzados a los charcos del río Anchique, en Natagaima (Tolima).

Las matanzas en Icononzo y las decenas de liberales lanzadas al río Sumapaz, desde el Puente Natural de Icononzo.

Los 100 jornaleros agrícolas de la hacienda Nuevo Mundo en Cunday, acribillados con ráfagas de ametralladora, bajo el mando del mayor del ejército, HERNANDO FORERO GOMEZ, el primero de enero de 1952. Los trabajadores, hombres y mujeres, fusilados en el sitio denominado Mata de Maíz en Cunday, Y los asesinatos en el Paso, puente sobre el Sumapaz, entre ellos Ángel María Cano, miembro del comité Central del Partido comunista y persona respetada en Girardot, bajo el mando del mayor del Ejército, el muy popular HERNANDO FORERO GÓMEZ.

Los muertos y torturados en la cárcel de Ibagué y demás pueblos del Tolima. Los trabajadores, constructores del puente sobre el río Combeima, cerca de Cajamarca y lanzados al abismo del mismo puente. Los asesinatos de esta población de Cajamarca, entre ellos el compañero Santana, dirigente de las Ligas Agrarias en la región.

Los inclementes bombardeos aéreos en Caparrapí, Yacopí, La Palma, Pacho, en el mes de enero de 1952. El arrasamiento de la población de Íbama (vereda de Quípama, Cundinamarca), donde la policía fusiló a todos, hombres y niños, que habitaban en ella. Las matanzas de campesinos, familias enteras en las veredas de esos municipios. Los centenares de muertos lanzados a un abismo de la población de Yacopí.

Las matanzas en Boyacá, por todo el departamento, incluyendo a Tunja, su capital; en las poblaciones y veredas del Cocuy, Paz del Río, Chiquinquirá, Briceño, Guayabetal, Guateque, Guayabasal, la región de la Uvita, Sogamoso, etc., dirigidas por los señores Torres Quintero, y por fanáticos, como el cura Cárdenas, de la Uvita.

Las matanzas y asesinatos en Bucaramanga, la Provincia de Vélez; el asesinato del dirigente comunista Aurelio Rodríguez en Barrancabermeja; la masacre del Playón, donde las puertas de las casas liberales fueron amarradas por fuera, para después prenderles fuego. A quienes pudieron salir los acribillaron a tiros. Perecieron hombres, ancianos, mujeres y niños, en abril de 1953. Los asesinatos en San Vicente de Chucurí, en Barbosa y Puente Nacional, etc.

Las masacres en los Llanos Orientales. El incendio de poblaciones llaneras, como Trinidad y Paz de Ariporo, ordenadas por el joven teniente del Ejército JOSE JOAQUIN MATALLANA BERMUDEZ. Las matanzas de Puerto López, Mata de Monte y demás pueblos y veredas llaneras. Las numerosas familias que detenían, que eran conducidas a los cuarteles y cárceles improvisados, donde no se les respetaba la vida ni a los niños, pues al decir de Matallana, “que de esa chusma no hay que dejar ni los huevos”.

La muerte, la tortura, el encarcelamiento, las multas, los robos de ganado, de bestias, de joyas, de dinero, complementaban el horror y la muerte, ejecutado por los partidarios políticos del gobierno conservador y de la fuerza pública. Millares de familias huyeron a los centros urbanos, a Venezuela y al Ecuador, dejando sus haberes, vendiendo a menos precio sus tierras, sus fincas y sus ganados.

Y todo se justificaba con la supuesta defensa del Orden Público y de la religión Católica. Apostólica y Romana; así marchaban las hordas asesinas, con su grito de guerra “viva Cristo Rey y muera el comunismo”. El mismo grito de los cristeros mejicanos, cuando iban a ser fusilados por defender con sus crímenes, los intereses terratenientes y de la Iglesia Católica, en Méjico.

Entonces, ante tanto horror e impunidad, surgió la lucha armada y, aunque a muchos les sirva de pretexto para condenarla, esta acción, esta respuesta justificada, no apareció por capricho, ni placer, pues nadie se va para el monte a combatir por deporte. Fue toda una necesidad, una urgencia para defender la vida, la honra, los bienes, los ideales políticos, los que obligaron al campesinado a empuñar las armas, rudimentarias, escasas, sin recursos y sin apoyo de sus dirigentes, ya que para ellos era la alternativa: MORIR ASESINADOS POR EL ESTADO O DEFENDERSE Y ATACAR.

Cuando creció el movimiento armado y la resistencia, cuando comenzaron a caer policías y tropa del ejército, cuando las guerrillas estuvieron en Usme, en las afueras de Bogotá, se alarmaron las oligarquías conservadoras y liberales y los asesores militares norteamericanos, y buscaron una salida, que no era otra que el golpe militar. Y buscaron tanto a un oficial del Ejército, que garantizara el aplacamiento de los insurgentes y la convivencia nacional, que encontraron al Teniente General, GUSTAVO ROJAS PINILLA, gestor de la cruenta violencia, porque el ejército nacional se había chulavizado, actuando igual que la policía y los pájaros.

Fue así, como se urdió el golpe militar del 13 de junio de 1953, bajo la consigna de Paz, Justicia y Libertad.

Después del 13 de junio de 1953, ya no bombardeaban las regiones de los Llanos Orientales, del Sur del Tolima, de Antioquia, de Cundinamarca, de Santander, con bombas de alto poder y metralla, sino que arrojaban panfletos llenos de escritos, haciendo llamamientos a deponer las armas, bajo la garantía de respetar las vidas de los guerrilleros y la de sus familias.

La Violencia que las oligarquías habían montado como partidista, era una violencia económica, como todas las violencias. La burguesía exportadora e importadora había acumulado recursos monetarios, que crecieron con el bloqueo de los submarinos alemanes y japoneses en el Pacífico y en el Atlántico, que impedían las exportaciones de Café. Al terminar la contienda mundial y cuando los pueblos europeos perecían de hambre y de frío, desocuparon las bodegas repletas de café, de Buenaventura y Barranquilla, y su precio adquirió altos niveles.

Fue así como los capitalistas colombianos contaban con los medios en dinero para el montaje de empresas industriales y agro-industriales, pero faltaban dos elementos indispensables para cualquier producción y asegurar el control del mercado interno: la ruina de los medianos y de los pequeños productores, y un superávit de mano de obra, ya que los campesinos producían mercancías y había que transformarlos en compradores de mercancías y, además, ocupaban la tierra, vital como medio de trabajo; ya no valían las leyes, ni los decretos oficiales. Lo único que valía era el despojo a través de la violencia. Pero, además, la violencia tenía un carácter religioso; un pulso entre el catolicismo y el protestantismo, luego que los gobiernos conservadores arrasaron con las reformas en la educación, la salud y las libertades públicas, que el liberalismo había promulgado.

El golpe militar fue celebrado con alegría, por muchos sectores humanos de todo el país. Se creía ingenuamente en un cambio y en un sendero de paz. La oligarquía apoyaba incondicionalmente, al Teniente General: lo colmaron de elogios, de respaldo, de dádivas y homenajes. Muchas personas sufrieron de amnesia y se olvidaron de los recientes sufrimientos y persecuciones. Abundaron los gestores de paz, buscando la desmovilización de los combatientes, que, a cambio de nada, depusieron las armas, ganadas con tantos esfuerzos. Los que antes eran denominados bandoleros, chusmeros, cuatreros y de toda clase de epítetos despreciables, fueron tratados, después, como héroes, por el clero, los directorios políticos, los gamonales de pueblo y veredas, y cayeron en la trampa deponiendo las armas, y quedando al arbitrio del enemigo, que semanas antes habían combatido.

Se promovió una amnistía general, para los participantes de la lucha revolucionaria, metiendo en un mismo saco a las víctimas y a los victimarios, que no eran otros que la fuerza pública y los secuaces asesinos conservadores, que quedaron en la impunidad.

Se mantuvo el Estado de Sitio, y los decretos y leyes promulgados por los gobiernos de Ospina Pérez, Laureano Gómez y Urdaneta Arbeláez.

Como era de esperarse, proliferaron los homicidios de los pájaros contra los desmovilizados guerrilleros y fueron cayendo también, sus dirigentes. Mencionaremos algunos, como los hermanos Borja en Rovira (Tolima), como Rafael Rangel en Santander y algunos combatientes de los Llanos Orientales.

Por los pueblos, veredas y caminos, se asesinaba como antes de la iniciación de la dictadura Rojas. La policía chulavita fue disuelta, lo mismo que la Prefectura, y gran parte de estos elementos, pasó a engrosar las filas de los partidarios de Rojas.

El rojismo, como corriente política era una novedad, con su carácter populista y paternalista; se encaminaba hacia el peronismo, que en el fondo era el neo-fascismo de posguerra latinoamericano. Puede afirmarse que en esta etapa el militarismo cobró auge en nuestro país, bajo la tutela y orientación del Pentágono, con su política de la Defensa Continental.

Pero, no todos los combatientes se entregaron. Los sectores de resistencia comunista mantuvieron las armas y se desplazaron a otros territorios como el Ariari, Peña Lisa, en las faldas del Nevado del Huila, el Oriente del Tolima, Pato, Guayabero, Río Chiquito, con las famosas Columnas de Marcha, que incluían también a las familias.

Para el Nuevo Régimen, todo era un festín, un éxito, hasta que Rojas pretendió militarizar las Universidades Públicas. Nombró como Rector de la Nacional, al coronel Manuel Agudelo, un recalcitrante conservador, inspirador del golpe de Cuartel contra López Pumarejo. Ante el rechazo de los estudiantes, la tropa disparó matando al estudiante de Medicina URIEL GUTIERREZ, EL OCHO DE JUNIO DE 1954.

Al día siguiente, los estudiantes de la Nacional y de la Libre, marcharon en protesta pacífica. En la carrera séptima fueron interceptados por el ejército que ordenó la disolución de la manifestación. Los estudiantes se negaron y, entonces, se oyó la voz de ¡fuego!, emitida por el coronel JOSE DEL ROSARIO HERNANDEZ, de triste recordación por las matanzas de llaneros y más tarde el Asesino del heroico guerrillero GUADALUPE SALCEDO. Cayeron abatidos 17 estudiantes y hubo muchos heridos.

Se desató, entonces, la represión contra el estudiantado. Todos los que perecieron fueron enterrados casi, que en la clandestinidad, con la presencia de tropas del ejército. Se hostigó a sus familias, con requisas, allanamientos y amenazas. Éstas se extendieron a los sindicatos, a los comunistas, a las gentes progresistas, que fueron apresadas y llevadas a las brigadas del ejército y cárceles en Barranquilla, Cali, Bogotá y otras ciudades y pueblos. Así, la dictadura se quitaba la máscara, mostrando su carácter represivo y reaccionario.

En regiones como el Sur del Tolima, el ejército emprendió lo que los campesinos denominaron la “arremetida”, matando a infinidad de hombres, mujeres y niños, como en los peores tiempos de la violencia reciente, conservadora. Empezaron los ajusticiamientos, las masacres, los incendios de ranchos. Ya no era la policía, sino el ejército, ayudado por los conservadores, los que asolaban los campos y mataban a exguerrilleros y simpatizantes. Continuaron los bombardeos inclementes contra las regiones, grandes redadas de campesinos, que eran conducidos en camiones del ejército y dejados en ciertos pueblos o carreteras, lejos de sus viviendas y familias.

Se retornó, en algunas zonas, al control y limitación de los mercados, alimentos, medicinas y la sal, especialmente, que no se podía adquirir sino con salvoconducto dado por las autoridades militares.

A finales de 1955, el ejército realizó una captura masiva de campesinos y exguerrilleros del Sur del Tolima, que pacíficamente estaban trabajando la tierra, en un bazar convocado por el cura Párroco, en una vereda del municipio de Villa Rica. Cayeron en ella ISAURO YOSA, VICENTE AVILEZ y decenas de personas.

Por un tiempo, el paradero de estos detenidos, era desconocido. Después se supo que estaban en el campo de concentración de Cunday. Una plaza que servía para realizar las ferias del pueblo; estaba cercada y tenía una enramada de palmicha. A ella, también fueron conducidos centenares de campesinos de la región, que fueron asesinando diariamente. En esa cárcel improvisada no se recibían visitas y nadie podía transitar por sus alrededores.

El ejército estableció el salvoconducto para toda la población. Asesinaban a los campesinos en los caminos y en las tiendas. Las patrullas militares se movilizaban por toda la zona, requisando las viviendas y atropellando a sus moradores.

El grupo de excombatientes del Sur del Tolima, emprendió la resistencia armada. Más de seis mil soldados, más detectives, policías y guías, emprendieron los combates contra la resistencia, dirigida por Alfonso Castañeda (Richard), Gratiniano Rocha, Vicente Peñuela, los hermanos Castellanos. Los combates fueron intensos, especialmente, en la Tribuna, la Cooperativa y Gaunacas. La Fuerza Aérea bombardeaba intensamente. Se estrenó el NAPALM, que después arrasara a Vietnam. Se utilizó la guerra bacteriológica, lanzando bombas sin explosivos, ni metralla, sino llenas de moscas abejones, hormigas, que se expandían por toda la región, ocasionando enfermedades como la tos ferina, el sarampión, la gripa infecciosa, que diezmó a la población infantil. Así mismo forúnculos o nacidos, que los campesinos denominaron “espuela de gallo” y otras enfermedades.

Estas acciones asesinas de la fuerza pública, se extendieron a la región del Sumapaz, donde también, se combatió, y se propició un éxodo masivo de campesinos hacia la región de Viotá y hacia los centros urbanos. Decenas de mujeres fueron conducidas al Buen Pastor.

Cercados los combatientes, se desplazaron a la región de Río Chiquito, en una gran marcha con sus familias, que fue ejemplo de disciplina y solidaridad. Se reforzaron los batallones como el de Cunday, en el Oriente del Tolima, bajo el mando del Coronel HERNANDO FORERO GOMEZ, donde se efectuaban Consejos Verbales de Guerra, y donde torturaban y mataban a los presos. En Viotá fueron capturados decenas de campesinos y llevados a la cárcel La Picota. Muchos ciudadanos fueron llevados a la Colonia Penal de Araracuara.

En 1954, continuaban las masacres de campesinos indefensos, por las regiones de San Jorge, Los Brazuelos, como la familia Castro, la muerte del señor Gutiérrez, y las del Palmichal, Pole, Polecito, en el Sur del Tolima.

Las masacres en las veredas de Santo Domingo, Los Brazuelos y Calarma, municipio de Chaparral (Tolima), donde, como retaliación por la muerte de tres soldados, dados de baja por el grupo de guerrilleros de Chucho Rojas, se capturó a centenares de campesinos, que fueron asesinados a bayoneta calada y a puñal, hubo 486 caídos,y no hubo ni un solo disparo de la tropa, por temor a la reacción de los vecinos. Cayeron niños como Gilberto Córdoba y su tía Yolanda, de 14 y 15 años, los muchachos Arias, Augusto y Aldemar, de 13 y 15 años, así como su padre y dos hermanos mayores, y Fernandito Rojas de seis años.

Se destacaron en esta matanza, el sargento Aristizábal, el cabo García, el teniente Londoño, el teniente Roca Michell, más tarde general de la República, así como los pájaros de San Antonio. Todo bajo la conducción del Coronel JULIO ENRIQUE VILLATE, y por orden expresa del General NAVAS PARDO, el 23, 24 y 25 de abril de 1956.

El primero de mayo, en acto público y solemne, en la plaza de Chaparral, se llevó a cabo la condecoración a los más destacados asesinos de esta matanza. A este acto, asistieron obligados las madres, esposas, hermanas e hijos de las víctimas. La arrogancia y la humillación del ejército fue norma predominante.

En Barranquilla, el grupo de sicarios, encabezado por el loco Suárez y el cabo Iglesias al servicio de la Brigada, con el pretexto de una “limpieza social”, asesinaban a los jóvenes de los barrios populares, conduciéndolos a Siape, para lanzarlos al río Magdalena. Este grupo fusiló a RAUL HOYOS, nortesantandereano, miembro de la resistencia liberal contra la violencia conservadora. Encarcelaban y torturaban a ciudadanos indefensos.

Cuando se estableció el binomio Fuerzas Armadas – Pueblo, pensaron contar con su propia Organización Sindical, con el pomposo nombre de Federación Nacional Sindical, que se malogró a tiempo. El rojismo en el poder contó con el apoyo incondicional de la UTC y del sector político Duranista o Comunismo Obrero, que cohonestaron todos los atropellos y crímenes de la dictadura.

El Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC), encabezado por Alfonso Torres (el Borugo), asesinó al abogado laboralista URIEL ZAPATA ARIAS, torturándolo terriblemente y lanzando su cadáver al Salto del Tequendama.

También, cayó Alfonso Herrera Rubio, dirigente del transporte automotor, en Icononzo. Así como campesinos de los municipios de Barragán.

Los muertos y heridos en la Plaza de Toros de Santamaría, cuando fueron atacados por personal del SIC, en plena corrida de toros, como retaliación a los asistentes de la corrida anterior, donde el pueblo lanzó abajos a la dictadura, en presencia de la hija del dictador, MARIA EUGENIA ROJAS DE MORENO DÍAZ.

Los millares de muertos en la explosión en Cali, el seis de agosto de 1956, cuando camiones cargados con explosivos, fueron parqueados en el batallón Codazzi, de la Estación del Ferrocarril, y luego que el mundo se conmovió enviando solidaridad para los sobrevivientes, heridos sin techo, se quedaron con esos recursos.

Ante innumerables crímenes, ya no había más degradación, que no se pudiera hacer y que quedar en la impunidad; entonces, se cometieron escándalos financieros y administrativos. La familia presidencial, así como sus áulicos y seguidores desangraron el erario a todos los niveles, y se enriquecieron aceleradamente, comprando tierras a menos precio, especialmente, en la Costa Atlántica y montando inmensas dehesas de ganados.

La resistencia crecía, cada vez había más voces de protesta, y cuando Rojas quiso nacionalizar la Educación y los Bancos, no con un contenido democrático, sino para ser manejados por militares, EL CLERO, que guardó siempre silencio ante los atropellos, se sintió invadido y despojado, lo mismo que los poderosos Banqueros, y se dedicaron a hacer causa común con los opositores del Régimen.

El coronel CUERVO ARAOZ disolvió una manifestación femenina en Manizales, lanzando culebras venenosas y ratones. Las mujeres burguesas realizaron manifestaciones de protesta en Bogotá, las que se disolvieron con bolillo y con chorros de agua teñida de rojo, lanzados desde las patrullas policiales.

LLERAS CAMARGO se convirtió en el Jefe de la resistencia. Convocó un paro general que fue pagado por los banqueros e industriales, que obligaban a sus trabajadores a ir al paro, pagándoles los salarios. Dos estudiantes del Norte de Bogotá, fueron asesinados por la tropa, desatando la protesta estudiantil.

Previo a estos acontecimientos, LLERAS CAMARGO Y LAUREANO GOMEZ, en su exilio de España, acordaron los mecanismos para tumbar la dictadura, en los Pactos de Sitges y Benidorm, y plantearon las bases del Frente Nacional, bajo la tutela de los gringos.

ROJAS PINILLA convocó la Constituyente, integrada por sus secuaces, los godos del sector Ospinista y los lentejos liberales, que reafirmaban su mandato y lo garantizaban por muchos años. Fue, entonces, cuando se desbordaron las multitudes urbanas. Hubo crímenes en esta jornada. En Cali se organizó el “tren de la muerte”, que llevaba centenares de ciudadanos hacia el Pacífico y que nunca regresaron. Cayó el estudiante caleño Zapata Yusti y otros estudiantes. Se abaleaba en las barriadas populares. En Bogotá, las cárceles, cuarteles de la policía y el ejército estaban repletos de detenidos.

Ante esta situación de protesta creciente, que se dio en todas las ciudades de Colombia, Rojas abandonó el poder y marchó al extranjero con su familia, sus colaboradores más cercanos, entregando el mando a una Junta Militar, integrada por miembros de alta graduación, gestores y cómplices de los crímenes de la dictadura.

Los integrantes de la JUNTA MILITAR que dejó instalada Rojas Pinilla: generales GABRIEL PARIS, DEOGRACIAS FONSECA, RAFAEL NAVAS PARDO, LUIS ERNESTO ORDOÑEZ y el Contra Almirante RUBÉN PIEDRAHITA, a quienes el pueblo denominaba “Los Quíntuples”, mantuvieron los decretos y leyes promulgados por Roja Pinilla, como el Estado de Sitio, el artículo 336 que prohibía el Comunismo real o supuesto, y sus penas de encarcelamiento, confinación en colonias penales, sin proceso y sin fórmula de juicio o sentencia debidamente, sustentada.

La Junta Militar enfrentó varios amagos de golpe militar, realizado por los rojistas, que fueron debelados a tiempo. Los jerarcas conservadores asumieron altas posiciones, como JOSE MARIA VILLARREAL, que asumió el Ministerio de Gobierno. Se nombró la Comisión de Asuntos Judiciales, para la denuncia de crímenes cometidos por agentes del Estado, pero no prosperó, pues la Junta Militar decretó el juzgamiento de la Fuerza Pública a través de la Justicia Penal Militar.

En octubre de 1957, fue asesinado el dirigente guerrillero de los Llanos Orientales, Guadalupe Salcedo, que había depuesto sus armas, después de asistir a una reunión de la Dirección Liberal, en Bogotá. Cayó acribillado por el Coronel José del Rosario Hernández, en una tienda del Barrio Bravo Páez. También, en 1957, fue asesinado el periodista liberal independiente, Echeverry Cárdenas, director del periódico Tribuna Liberal, en pleno centro de Ibagué; fue acribillado por el “Borugo” y su banda de detectives. La protesta del pueblo de Ibagué fue contundente. Las masas destruyeron la sede del SIC, hoy DAS, y sacaron corriendo al nido de “pájaros” asesinos de esa entidad.

Para el 30 de noviembre de 1957, se convocó un Plebiscito, para darle reafirmación al Pacto sobre el Frente Nacional, establecido entre el liberalismo y el conservatismo laureanista; confirmar el derecho al voto para la mujer, y anular los decretos y leyes de la dictadura. El Partido Comunista y sectores demócratas votaron por el castigo para los criminales estatales de la violencia, por las libertades públicas, conculcadas por los regímenes conservadores y la dictadura.

Así, se reafirmó el Frente Nacional por espacio de dieciseis años, tiempo durante el cual se aplicó la alternación presidencial, la paridad, la partija burocrática para los sectores políticos firmantes, excluyendo a otras agrupaciones políticas de la oposición. Pero, además, fue la gran estrategia para aplastar la resistencia de las masas que reclamaban sus reivindicaciones; hacerlas de lado, propiciando más plenamente la entrega de la soberanía nacional, haciendo negociados de gran envergadura, colocando al país en los planes expansionistas del Pentágono. De parte de los dirigentes liberales, solamente hubo una nueva traición a las masas populares de su Partido, el confabularse con Laureano Gómez y demás godos del país.

En esta forma el liberalismo perdió su mística, sus postulados políticos, su contenido democrático, su lealtad a quienes debía su existencia como partido político, pues, sus dirigentes, sus líderes “naturales” siempre lanzaron por la borda las aspiraciones populares; por lo tanto, difícilmente podía esperarse una nueva confrontación armada bipartidista. El gaitanismo había sido exterminado por la violencia conservadora, así como los liberales de base que, en conjunto, ofrendaron sus esfuerzos, sus vidas, sus sacrificios y su sangre.

Y, aun cuando surgieron grupos armados, como los de Chispas, Sangre Negra, Tarzán, Desquite, Zarpazo, de los hermanos Chucho y Marcos Guaracas, no eran simplemente liberales, apegados a la tradición partidista, sino simpatizantes del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y, ante todo, enemigos del Frente Nacional, defensores y vengadores de las ofensas y crímenes contra el pueblo, librando sus acciones, no sólo contra la fuerza pública, sino contra los pájaros azules como Jair Giraldo, Efraín González, en el Viejo Caldas; contra los godos y limpios, en el Plan y Sur del Tolima.

El liberalismo, desde le Frente Nacional entró en crisis, al igual que su matrona la Internacional Socialista. Lo que ha proliferado desde entonces, son los movimientos suprapartidistas, que sin definir una identidad política e ideológica, terminan absorbidos por las fuerzas de ultraderecha.

En 1958, se efectuaron las elecciones presidenciales, ganadas por ALBERTO LLERAS CAMARGO, en confrontación con el candidato de los godos, Jorge Leyva.

El 18 de julio de 1958, el ejército protagonizó la masacre en la plaza de ferias, en Chaparral. Sin mediar ningún incidente, las tropas cercaron la plaza. Emplazaron una pieza de artillería y empezaron a disparar indiscriminadamente, contra la multitud. Cayeron muchísimas personas entre muertos y heridos, Era imposible cualquier amago de resistencia, pues las gentes estaban acorraladas. Solamente, un grupo de muchachos, dirigidos por Genner Cruz, que más tarde fuera asesinado junto con su padre, y Tito Calderón, que disparaban contra las tropas para abrir un brecha a los asediados por las balas oficiales. Tito Calderón cayó abatido. Este valiente muchacho había luchado en la guerrilla liberal al lado de su padre, el valeroso campesino Miguel Calderón.

Muchos hombres fueron detenidos y llevados al batallón Caicedo de donde nadie regresó con vida. Se sembró el terror en el pueblo; se requisaba, se capturaba y se golpeaba a los ciudadanos. Puede afirmarse que esta espantosa masacre era una retaliación tardía contra el pueblo y, en especial, contra su campesinado, que había resistido a la fuerza pública en infinidad de confrontaciones armadas y en muchas las había derrotado.

El siete de agosto de 1958, se instaló el primer gobierno del Frente Nacional, presidido por Alberto Lleras Camargo, de marcado tinte anticomunista, con invitación a los pocos grupos armados existentes, con promesas de Amnistía, de rehabilitación para los campesinos y amenazas para la subversión. En esta etapa el gobierno no se valía de los pájaros conservadores y rojistas, sino de los excombatientes liberales, que utilizó al lado de la fuerza pública para perseguir a los comunistas y dirigentes populares. Los “limpios” como se autodenominaban, en el Sur del Tolima, encabezados por Leopoldo García (“Peligro”), Jesús María Oviedo (“Mariachi”), Efraín Valencia (“Arboleda”) y muchos otros, que en el inmediato pasado habían combatido contra los reaccionarios con heroicidad, se dedicaron a hacer el trabajo sucio de perseguidores y asesinos.

En 1960, asesinaron a 18 muchachos de la Juventud Comunista, en un festival, en Venadillo (Tolima), Tenían enlaces con los Llanos Orientales, para asesinar excombatientes. Se unieron en el Sur de Atá, con Marcos Olivera, jefe de los “pájaros” de Casa Verde, su antiguo contradictor y enemigo político.

El 10 de enero de 1960, fue asesinado, en Gaitania (Tolima), Jacobo Prías Alape (Charro Negro), heroico combatiente contra los gobiernos conservadores y de la dictadura de Rojas Pinilla. En ese mismo día cayeron Hermógenes Vargas (Vencedor), combatiente liberal de Río Blanco, y Silvestre Bermúdez (Media Vida), también excombatiente liberal que una semana antes, había firmado un pacto de no agresión con Juan de la Cruz Varela, dirigente agrario y guerrillero de Sumapaz.

En 1963, se efectuó la huelga de Cementos de Santa Bárbara (Antioquia). En un mitin de los huelguistas, el ejército disparó y cayeron muertos algunos obreros, y muchos heridos. La niña Marielita Zapata, hija de un huelguista, murió acribillada a tiros de fusil. Los trabajadores sindicalistas independientes realizaron una huelga general de protesta contra el Ministro de Trabajo, Belisario Betancourt y el gobierno de Guillermo León Valencia y, en solidaridad con los huelguistas agredidos.

A finales de la década del cincuenta del siglo pasado, empezó la minería clandestina de esmeraldas, que manejaba el Banco de la República. Desfilaron por Borbour, Coscuez, San Miguel, Otanche y otros lugares de la zona, infinidad de huaqueros en busca de fortuna. Ya estaban situados “patronos” en la zona que dominaban y, en especial, los llamados planteros, que proporcionaban herramientas, alimentos, etc., como préstamos o adelantos, a condición de ser ellos los intermediarios o reducidores del contenido de la búsqueda y extracción de las gemas.

Elementos como Juan Beeter y su hermano, médicos sirio-libaneses, el doctor Nohora, Pablo Emilio Orjuela, Isauro Murcia y sus hermanos, dominaban el negocio. Para protegerse utilizaron la presencia de Efraín González Tellez, que venía derrotado del Quindío, por los grupos liberales en armas, y con el nombre de Juan Moreno, empezó la eliminación de guaqueros indeseables, a la vez que un apoyo del Directorio Conservador de Boyacá, dirigido por los Torres Quintero, interesados en la eliminación física de los liberales, especialmente, del grupo de combatientes, dirigidos por Carlos Bernal, que luchaban por la conquista de la tierra, por las reivindicaciones del campesinado pobre. Más tarde, cuando empezó la matanza, llegó a extenderse dramáticamente, con la masacre de Puente Nacional en donde en la calle Canta Rana mataron diez y seis liberales, y las masacre de Chiquinquirá a la salida de la plaza de toros, y la eliminación de los liberales del Directorio.

“Don Juanito” se pasó al movimiento político del General Rojas Pinilla, y se enfrentó a la fuerza pública, aunque muchos de sus integrantes simpatizaban con él y ayudaban a ese antiguo soldado, que ejerció con saña la violencia contra el liberalismo.

Y, cuando los conservadores, y también el rojismo, lo abandonaron a su suerte, cayó abatido por la fuerza pública, en un barrio del Sur de Bogotá, en una embestida brutal donde González, reaccionario y tenebroso, libró una ardua y temeraria resistencia, contra el ejército, que como buen milico tanto mérito hiciera. Lo asesinó el Teniente Harold Bedoya, más tarde comandante de las fuerzas armadas.

Las masas congregadas espontáneamente, atacaron a la fuerza pública y como tributo a la hombría, al valor demostrado, que fue azote de los pobres, y que se mantuvo hasta el final, leal a sus principios reaccionarios.

Eliminado Efraín González Tellez, la violencia en la zona esmeraldífera continuó con otros jefes, pues sus primos Ariza entraron a reemplazarlo; para los años setenta y ochenta los crímenes ejecutados en ella, eran incontables. Se asesinaba indiscriminadamente, en las flotas de pasajeros, en los cortes mineros, en los caminos, en las calles de Tunja, Chiquinquirá y Bogotá. La puja por el dominio era intensa en esta llamada “guerra verde” o “caldera del diablo”. Se hicieron famosos los asesinos Córdoba Murcia, el Pequinez, el “Chamizo”, el Zancudo, el Garbanzo y sobre todos el antiguo peón Víctor Carranza, con su grupo de sicarios llamados “Carranceros”, que investidos de anticomunistas y antiubversivos, se extendieron a la Costa Atlántica, donde asesinaron e 1997 a Odulfo Zambrano, presidente del sindicato de la Electrificadora del Atlántico. También hicieron presencia en el Magdalena Medio, el Norte del Tolima y Santander, eliminando a dirigentes sindicales y populares.

Después de estas matanzas, cuando no quedaba mucho por matar y los demás pobladores estaban sometidos a Carranza, se convocó a la paz de la región, con el apoyo de la fuerza pública, los políticos, entre ellos Juan Manuel Santos, y el clero. El Estado reconocido por el carácter reaccionario de Carranza, le dio en concesión la explotación esmeraldífera, enajenando la Soberanía Nacional, permitiéndole su ejército y su dotación en armamentos.

En los últimos tiempos se realiza una explotación masiva, con tecnología, acrecentando el poder de un pequeño grupo de señores esmeralderos, contados entre los hombres más poderosos del mundo, mientras los descendientes de los indígenas muzos, Itocos, pobladores de esa rica zona, que se habían enfrentado a los españoles, para defender sus minas, se mantienen en la mayor pobreza y atraso.

Y, no satisfechos con sus riquezas y sus extravagantes lujos, se empeñaron, como los primeros, en la producción de cocaína y, como el directorio nacional conservador les prohibió el negocio en la zona, se desplazaron por el Vaupés y el Guaviare, a sembrar masivamente la coca, atropellando a indígenas, colonos y demás habitantes. En estas condiciones, los boyacos esmeraldíferos cometieron infinidad de crímenes contra la población de esos territorios nacionales; luego se asociaron con el Cartel de Medellín y montaron las autodefensas en el Magdalena Medio, con sus escuelas y grupos de sicarios, haciendo de la población de Puerto Boyacá la cuna de las autodefensas reaccionarias, como un nuevo azote de los trabajadores, no solo del sector, sino de todo el país.

En 1963, GOMEZ HURTADO, nostálgico de la violencia y de la represión, buscó desde el Congreso de la República, el exterminio de lo que denominaba las “Repúblicas Independientes”, que localizaba en el Ariari, Río Chiquito, Pato, Guayabero, Villa Rica y Sumapaz, y así logró que el gobierno de Guillermo León Valencia, empezara con la región de Marquetalia, en el Sur de Atá.

Con tres Brigadas localizadas en Neiva (Huila), Florencia (Caquetá) y Chaparral (Tolima), prepararon la Operación Marquetalia, especificada en los Planes Norteamericanos: Plan Laso y Plan Cordillera. Más de doce mil soldados, detectives, guías y sapos, participaron en ella. Por primera vez se utilizaron perros policías pastores alemanes; la acción militar fue por aire y tierra. Se enfrentaron a 53 campesinos, precariamente armados, a quienes no pudieron derrotar, pues evadieron el cerco y salvaron sus familias. Todas sus viviendas y haberes fueron incendiados y robados, los que quedaron. La militarización de esa zona continúa, así como la resoistencia. Eso sí, mataron campesinos indefensos, capturaron y encarcelaron a muchos habitantes.

La fuerza pública incursionó también, por las regiones del Pato, Guayabero y Río Chiquito; cometieron toda clase de atropellos y crímenes contra el campesinado. Arrestaron a las personas, conduciéndolas amarradas al Batallón Tenerife de Neiva, Huila, donde eran amarradas a los botalones, sin agua, ni comida, fueron torturadas y muchos perecieron en ese cuartel.

En pleno FRENTE NACIONAL, irrumpió en el país la producción de narcóticos, marcando la transformación de la sociedad colombiana, deformándola dramáticamente. Proceso que, en un principio, pasó inadvertido, y hasta se celebraba como audacia de negociantes, empeñados en hacer fortunas fabulosas, sin entender o aceptar que este nuevo renglón económico, traería inmensas desgracias, porque acabó de corromper a todos los estamentos económicos y sociales de toda la nación.

Los narcotraficantes tenían para sí, todo un paraíso para sus negocios, un medio geográfico adecuado, y un gobierno como el Frente Nacional, consistente en la manguala de godos y liberales corruptos, que desangraban el erario nacional y las ayudas y préstamos extranjeros que enajenaban al país, que fue complaciente con este nuevo negocio que produce millones de dólares, que se distribuía generosamente entre funcionarios públicos, jueces, magistrados, altos mandos militares, policías, políticos y con sectores del clero, para comprar su complicidad.

En un principio se empleó la marihuana y la coca, plantas nativas; y más tarde la amapola, importada de Turquía. La coca era utilizada por los indígenas en sus ritos sagrados y más tarde, por los colonizadores españoles, que la preparaban con piedra caliza, llamada mambe, para mitigar el hambre de los nativos explotados en el trabajo.

La producción de narcóticos es una producción mercantil, que como todas las demás, tiene de por medio algo inherente, como es su contradicción fundamental, que consiste en la apropiación individual y la función social, pues se produce para otros diferentes al productor. Toda mercancía es fruto del trabajo humano, producto del trabajo concreto y del trabajo abstracto, que le brinda un doble valor. El primero proporciona su valor de uso y se obtiene con materias primas, herramientas, pericia productiva concreta, que genera resultados concretos y sirve para satisfacer necesidades, como alimentos, calzado, vestuario y que, en el caso de los narcóticos, sirve para la degradación física y moral de sus compradores y consumidores.

El trabajo abstracto es la consumición de energías físicas, musculares, intelectuales y morales, que el trabajador transmuta en el proceso de producción de toda mercancía, que le proporciona su valor, y su valor de cambio, y que queda oculto dentro de ella, manteniendo su valor, que solo se manifiesta en el mercado cuantitativamente, al ser equiparada a otras mercancías, y este factor es el que le brinda su valor de cambio, cuando se constata que cuenta con un tiempo socialmente necesario igual para producirlas.

Por lo tanto, la mercancía- narcótico, así como las demás, no tiene otro valor que el que cuesta producirla, o sea la suma del capital constante y el capital variable: este último permite realizar el viejo valor, transformándolo en el proceso de producción y agregando un Plus que, los empresarios de cualquier rama productiva denominan Ganancia, que no es otra que la PLUSVALIA, extraída por los patronos, en su condición de dueños de los medios de producción y de sus resultados.

La extracción del plus- trabajo, o trabajo de más, es el ansia de todos los explotadores y su razón de ser. Entonces, ¿por qué ese abrumador rendimiento que se otorga a la producción de narcóticos, que se ha dado en llamar dinero fácil? Porque en ella, como en cualquiera otra mercancía, el trabajo abstracto queda implícito, inherente, que no se puede parcelar, diluir, eliminar o aumentar y que, como se afirma anteriormente, se manifiesta solamente, en el proceso de cambio. Lo que se aprecia en las cosas o mercancías, no es otra cosa que el valor de uso, concretado en un objeto o cosa. Es lo que MARX denomina como el fetichismo de la mercancía; ilusorio, alucinante, fantasmagórico, que se impone como fuente de riqueza y que excluye el trabajo humano, quedando la impresión de que, de por sí, brotara el dinero y el poder, por los cuales los productores mercantiles luchan, y van hasta la muerte y al crimen.

La mercancía-narcótico aparenta un gran valor, que realmente, no es otra cosa, que un super-precio, que le proporciona su carácter delictivo e ilegal, que se agrega a la prohibición en la producción, la distribución y el consumo. De no ser así, se adquiría como el tabaco o el licor. No obstante, el super-precio de los narcóticos también, como en cualquier producción mercantil, está sometido a la Ley de la Oferta y la Demanda, que fluctúa unas veces por encima y otras veces por debajo del valor.

En la producción de narcóticos también, actúan las leyes económicas y sociales objetivas, como la Ley de la Competencia, la Ley de la Anarquía de la Producción y la Ley del Valor. La Ley de la Competencia implica también, a la producción de narcóticos, porque actúan diferentes productores: Grandes, Medianos y Pequeños, que luchan entre sí por los primeros puestos en la producción y en el mercado, y que sus resultados solamente son verificados en él, cuando sus productos son aceptados o no.

Todos los productores, de cualquier índole, han utilizado la competencia desleal, el espionaje industrial, el robo y la retención de patentes, con actos de violencia, como en el negocio petrolero, pero en el narcótico la competencia superó muchos de estos actos, manifestándose violentamente, criminalmente.

La Ley de la Anarquía de la producción implica que cada productor de una misma rama o de otra distinta, imponga un orden en su propio negocio, una compartimentación, una técnica adecuada, pero en el de los productores y distribuidores impera el caos, la anarquía, sobre sus métodos de producción, de rendimiento, etc.

En los narcóticos también, actúa espontáneamente la Ley del Valor, con sus tres ingerencias fundamentales; la primera de las cuales especifica que “toda mercancía posee el valor que cuesta producirla, de acuerdo con el tiempo socialmente necesario para su obtención, teniendo presente que éste no es estático sino que se modifica favorablemente, reduciendo las porciones de valor, al introducirse la técnica y la pericia de los productores directos, que proporcionan un plus de valor de unos productores sobre otros, ya que en el mercado no importan las formas individuales, las condiciones concretas en que cada quien produce, sino los resultados, y para quienes no logran la reducción del tiempo socialmente necesario, pierden, y pueden quedar eliminados como productores, porque no obtienen u obtienen muy poco de la Ganancia Media, cuya cuota tiene un carácter decreciente, por el encarecimiento del Capital Constante. Por esa cuota de Ganancia Media se pelean, se combate en todas las ramas de la producción y, no solo en un país, sino a nivel de países, no importando los métodos que tenga que utilizar, que van desde el sabotaje, el terrorismo, la eliminación individual y las guerras mundiales.

La Segunda ingerencia de la Ley del Valor, es que empuja al desarrollo de las Fuerzas Productivas, que obliga a la introducción de la tecnología y a la elevación de la pericia de los productores directos, buscando también la plusvalía extraordinaria que es inestable y se traslada de un lugar a otro.

Es terrible afirmar que en el caso del Narcotráfico, crecieron las Fuerzas Productivas del país, que lo sacó del aislamiento y del atraso, aunque el pueblo colombiano quedó sumido en la miseria, en la depredación de la naturaleza, de la política y de la moral.

Y, si para impulsar la industrialización, en los años cincuenta, se requirieron millares de muertos, este tipo de producción criminal no se sacia para su predominio, sino con centenares de millares de muertos, de sacrificados, con la podredumbre de las instituciones con la desmoralización. Y si el resultado de la violencia de los cincuenta, fue el FRENTE NACIONAL, este negocio criminal no puede arrojar otro fruto que la implantación del fascismo, claro que camuflado y, por tanto, más peligroso, arropado con las prédicas democráticas, y el predominio de los monopolios, el Estado en poder de las mafias de narcotraficantes, adobado con la corrupción, la persecución, la falacia contra el pueblo y, en especial, contra los opositores.

Al principio, la producción de cocaína era elemental, que garantizaba la reproducción simple; un fogón de leña con tres tulpas, una caneca y un mecedor, pero como es lógico, ese no era el objetivo de quienes se dedicaban al negocio, que no era otro que la producción ampliada, y por lo tanto, la acumulación capitalista. Entonces, se introdujeron grandes laboratorios, que requerían insumos, instalaciones, transporte, que incluyeron flotas enteras de potentes vehículos terrestres, helicópteros, aviones, barcos, puertos, sitios de distribución, etc., para hacer posible una rápida distribución.

Así mismo, el empleo de millares de trabajadores, sembradores de coca, recolectores de hoja o raspachines, procesadores de pasta, arquitectos y constructores de edificios, como campamentos, bodegas, casas, a la vez que electricistas, mecánicos, linieros y químicos; cocineros y meseros; motoristas, aviadores, navegantes, barqueros, provedores de insumos, de alimentos, calzado, medicamentos, vigilantes y escoltas.

En esta forma irrumpieron en los territorios nacionales, tanto tiempo olvidados, haciendo carreteras, caminos, puertos, puntos de venta, introducción de energía eléctrica, en los campamentos de trabajo, las construcciones modernas con ciencia y tecnología, para producir centenares de toneladas de cocaína. Y, aunque esta gran producción era cada vez más plena, no desecharon el trabajo a domicilio, que consistía en pequeños laboratorios, donde les proporcionaban pasta de coca e insumos, en instalaciones domésticas, en cualquier casa de barrio de nuestras ciudades. Se pagaba por tarea cumplida, y en caso de explotar estos mínimos laboratorios, con muertos, heridos y destrucciones no había ninguna compensación.

Los cuerpos de Seguridad del Estado los achacaban al terrorismo, en eterna cantaleta.

Y florecieron estos territorios. Pronto se colmaron de comerciantes, de joyeros, de tahures, de prostitutas, de brujos, de iglesias y cofradías; derrochaban el dinero, en casas de diversión; en discotecas, en galleras, en grandes cabalgatas y paseos. Se toma, por ejemplo, la región del Guaviare; crecieron las mansiones, las quintas de recreo, los hoteles de lujo, donde se podían obtener manjares como en Paris, Viena o Nápoles; proliferaron los cafés, los salones de estilistas y de belleza, los almacenes de lujo. Y, en un territorio como ese, en donde los campesinos demoraban diez y hasta más días para llevar sus productos al mercado, por la carencia de carreteras y de puentes, presenciaron las caravanas de aviones desde Bogotá, Medellín, Panamá, Estados Unidos, que diariamente transitaban, trayendo toneladas de insumos y llevando las toneladas de cocaína y transportando pasajeros de distintas nacionalidades, a esa tierra prometida, ante la mirada complaciente de las autoridades, que no les importaban los sueldos, pues ante los compraban para obtener fabulosos réditos, del soborno y la complicidad.

Otra característica de esta bonanza coquera, era las matanzas a indígenas, a colonos, a campesinos pobres, por los grupos de sicarios de cada patrón del negocio. Y cuando esta bonanza cayó, solamente quedó su recuerdo, el luto, la miseria y la desolación.

Y los narcotraficantes, tan creativos y audaces, diversificaron la producción: compraron fábricas en quiebra, que modernizaron y fueron ejemplo, algunas hasta se hicieron acreedores a la Orden de la Cruz de Boyacá; montaron fábricas, y pequeñas granjas de pollos, criaderos de cerdo, con técnica y gran intensidad de trabajo; montaron o ampliaron criaderos de caballos finos de paso, que ganaban premios y distinciones en ferias y exhibiciones; ganaderías intensivas; productores y procesadores de frutas, jardines, para mejoramiento de las flores; crearon clínicas y hospitales; grandes cadenas de almacenes, de farmacias, de cosméticos y perfumería; restaurantes y puestos de comidas rápidas y heladerías, y sería incontable enumerar la cantidad de negocios prósperos, con los cuales quebraron las tiendas, los mercados populares, las pequeñas farmacias, etc., que no les quedó otro camino que vincularse a los negocios de los grandes señores, o arruinarse y, cuando no lo hacían, morían acribillados a tiros como los tenderos de Barranquilla, Malambo y Soledad.

LA DIFERENCIACIÓN DE LOS PRODUCTORES: esta última ingerencia de la Ley del Valor, implica que el Pez Grande devora al pequeño; es decir, los que triunfan en los negocios, aún en aguda competencia y anarquía, sobreviven, mientras los medianos y pequeños perecen como productores; se opera el proceso de divorcio entre el productor y su pericia y sus medios de producción. Ingresan al mundo de los arruinados; muchas veces cambian de profesión, son sirvientes de los triunfadores, o caen en las filas proletarias, que crecen permanentemente.

A veces esta diferenciación de los productores, la ayudan a empujar las leyes y decretos del Estado. Cuando Julio César Turbay Ayala promulgó el Estatuto de Seguridad, con el pretexto de salvaguardar el Orden Público, la verdad real fue que se atropellaron a los opositores; se torturó y asesinó, se encarceló y persiguió en nombre de la ley; pero, a la sombra de éstas, se persiguió a los productores y distribuidores de Marihuana, arrasando cultivos, matando y encarcelando, reduciéndolos, pero no a todos, sino a los medianos y pequeños cultivadores y distribuidores. Así este negocio dejó de ser rentable y se puso fin a la bonanza de marimba.

Y, por encima de esto, cuando los gringos decidieron cultivar la marihuana en su territorio, redondeando el negocio, sin participación colombiana, ha rendido tanto, que ocupó el quinto renglón de la producción agropecuaria de Estados Unidos, después del trigo, el maíz, los aceites y los lácteos, y es totalmente legal; tanto que se cultiva en los jardines y terrazas de las residencias y, en total, arroja una gran riqueza al Estado y los productores. Así la marihuana dejó de ser nociva e ilegal. Y, cuando quedaron unos pocos caimacanes en la producción, la distribución y el mercado, adquirieron el carácter de monopolio, aunque por ello no cesa ni la anarquía de la producción, ni la competencia.

Para que un gran negocio, industrial o comercial, cumpla sus objetivos, tiene que asegurar, primero el mercado interno, para luego abrirse al mercado mundial. Este proceso obró casi simultáneamente en el caso del narcotráfico. Para el primero se utilizó mercancía de precios populares, como la marihuana, y luego el basuco, elaborado con los detritus del procesamiento de la cocaína, utilizando todo para no perder ni los registros. Entonces, envenenaron a nuestro pueblo: se hicieron millones de adictos y de distribuidores. Hubo familias, como en Cali, donde desde la empleada del servicio, hasta los patronos, consumía alucinógenos. Viene, por tanto, el robo y asalto para obtener dinero. Salió a flote el dinero-mercancía, como forma de atesoramiento; joyas, porcelanas, cuadros de artistas famosos, muebles, etc. Estos alucinógenos se vendían públicamente, en universidades, colegios, escuelas. Y todavía persiste el negocio; muchos muchachos se lanzaron a la distribución, por lo menos decían, tenemos con qué pagar el semestre, y no tener que vender la sangre para cubrir estos gastos.

Y, a la vez que crecía la venta y consumo de alucinógenos, se empujó la necesidad de consumo, que no solo satisfacía las necesidades básicas, sino que creó otras artificiales, como la ropa el calzado de marca, los importados, el Football, los festivales, los reinados de toda índole, la mayoría de los cuales eran pagados y auspiciados por los narcos. Y, como no había dinero, era necesario conseguirlo a como diera lugar. Entonces, surgió el sistema lucrativo de las prepago, que utilizaba jóvenes y niñas de colegios y escuelas, con paquetes de turismo que incluían la dotación de niños y niñas en costosos viajes de vacaciones y turismo en general, todo a disposición del comprador, acelerándose la trata de blancas, hoy trata de personas, sin distinción de género, con vínculos internacionales, haciéndose apología de la prosperidad.

A todo este auge contribuyó el avance en los medios de comunicación, que coordinaban aceleradamente las transacciones, acortando distancia y tiempo. Notándose que los grupos narco-criminales estaban más avanzados, en este aspecto, que el mismo Estado.

Estos negocios, en un principio, eran ejecutados por raponeros, reducidores, jaladores de carros, gente del lumpen y por la clase media de pueblos y veredas, que nunca habían sido nadie, que permanecían bajo el mandato de los gamonales, y que decidieron, entonces, salir del atolladero y se vincularon eficazmente. Por ejemplo: Luky Kote, que criaba unos pocos chivos, en la Guajira, se convirtió en un poderoso, gracias a la marihuana; el indio Iguarán, ya para la década de los años setenta, tenía una flota de barcos que viajaba hasta el Japón con la hierba y regresaba con contrabando de armas y licores, etc., convirtiéndose en un millonario. Jaime Caicedo (el Grillo), era un delincuente de bajo perfil y llegó a tener todo un pueblo que lo aclamaba y arrodilló a la sociedad caleña; Leonidas Vargas se desplazó de su vereda cercana a Florencia (Caquetá), donde tenía un pequeño negocio de carnes, y regresó cargado de dinero, construyó la Plaza de toros de Florencia e impuso su ley. Diego Fernández Murillo (Don Berna), que era un simple lavador de carros en Tuluá, fue tan poderoso que manejaba política y militarmente a Antioquia, Córdoba, Bolívar y donde quiso.

Todos montaron sus propias estructuras orgánicas, que consistían en Capo de Capos, Capos, traquetos, lava-perros, gallinas ciegas, testaferros, y cuando se dedicaron a la política, con apoyo de masas, pues además de ejercer la crueldad, eran paternalistas, tembló la burguesía tradicional, que tampoco brillaba por su honestidad y rectitud. Fue cuando arribó a Cali el exministro Joaquín Vallejo Arbeláez y les planteó: “o se dejan quitar sus mandatos de unos aparecidos alpargatones, o entran al negocio”, y como decían los asistentes a dicho evento, metimos la mano al drill, y entramos y vinculamos nuestros negocios al narcotráfico, y muy bien que les fue. Así, el mercado interno completo estaba asegurado; pero éste no era el objetivo, sino el dominio del mercado mundial de los alucinógenos.

Al ingresar en él, operó espontáneamente, la Ley de la División Social Internacional del Trabajo, que en Colombia y el nuevo continente se había iniciado con el Descubrimiento de América, cuando los españoles saquearon el oro, las esmeraldas y la plata, llevándola a bajísimo costo, que consistía en matar los indios, despojarlos de sus riquezas, y transportarlo a Europa, y de regreso traer lo necesario para un consumo suntuoso para conquistadores y que las masas se conformaran con lo que llamaron el mercado de la plebe.

Luego esta Ley Social y Económica, actuó limitadamente en la república por las importaciones de comerciantes, y después con el caucho, la quina, las plumas, la tagua, las pieles de animales salvajes, el tabaco, el café. Pero con el narcotráfico esta Ley se expandió y tales productos colombianos llegaron a casi todos los rincones del mundo, ayudando enormemente a la circulación monetaria mundial y con ello se amplió el crimen y la delincuencia. No hay cárcel en muchos lugares del mundo en donde no haya un colombiano, y fueron espantosas las confrontaciones armadas en Estados Unidos y los carteles de la droga de gringos, de cubanos, de judíos e italianos en donde los colombianos los barrieron.

Estos procesos no se libran pacíficamente en ninguna parte, ni circunstancia. Es a través de la violencia, la Partera de la Historia, que se impone. Y la violencia que no es una ley social, sino un instrumento de lucha, sirve para defenderse y para atacar y, en los casos económicos, para triunfar unos sobre otros, para impulsar el progreso, los cambios económicos y vencer a otros, sumiéndolos en el atraso.

Por estas razones dialécticas, es equivocado divorciar el contubernio entre el narcotráfico y los escuadrones de la muerte, es una posición falaz e infame, porque son hermanos siameses, que constituyen la estructura y existencia del paramilitarismo, pues no pueden existir el uno sin el otro, y verifican su razón de ser.

Y con esta estructura criminal de larga trayectoria, con experiencia, violencia e impunidad, siempre con la complicidad del Estado, con dinero, armas y hombres curtidos en el “oficio”, es decir, que lo tenían y lo tienen todo, montaron el andamiaje sólido del Paramilitarismo, dispuestos a exterminar a los competidores, al pueblo y todo lo que consideraban un estorbo para sus propósitos criminales, supuestamente en defensa del Estado, agobiado, según ellos por los subversivos y el comunismo.

A la vez se conformaron los grupos y asociaciones de narcotraficantes, que los gringos denominaron carteles. Y continuaron los asesinatos, los baños de sangre. Por ejemplo, en el puente festivo de octubre de 1980, se realizó uno pavoroso entre las gentes del Cartel de Medellín y el grupo de la samaria Griselda Blanco en los que se destacó, dirigiendo la matanza, Rafael Salazar, el Negro, que mató también a los ejecutores de los asesinatos, hasta no dejar huella. Y eran frecuentes los homicidios en las calles de Bogotá, con el personal de Verónica de Vargas, la Reina de la Coca, con los grupos contrarios. Y había uno que otro capturado y llevado a la cárcel, pero también había suficiente dinero para pagar abogados y sobornos.

En el Magdalena Medio la formación de las autodefensas estaba amparada por la legalidad. En 1963, se promulgó la ley que permitía la creación de Asociaciones y Cooperativas de Vigilancia y defensa integradas por campesinos, bajo la vigilancia del ejército, que a la vez proporcionaba entrenamiento y armas de dotación oficial. Crearon la Asociación de Ganaderos del Magdalena Medio (Agdegan), que organizó un grupo de autodefensa para su respaldo. Hicieron parte de esta agremiación el político liberal Pablo Emilio Guarín, Iván Roberto Duque, más tarde llamado Ernesto Báez, Gonzalo de Jesús Pérez y hermanos, Luis Rubio, Alcalde de Puerto Boyacá, Los Panesso, el temiente Otero o teniente Tarazona, bajo el auspicio del General Farouk Yanine Díaz, el Mayor Echandía y como coordinador el Mayor Brattini, de origen italiano, íntimo amigo de Salvatore Mancuso.

Creadas las escuelas de sicarios, en la Primera y después en la 25, costumbre que imperó entre narcotraficantes de enumerar las fincas, pues eran tantas, que su denominación por nombres podía confundirlos. La de la Primera fue instalada solemnemente, por el General Yanine, bajo la dirección de Alfonso de Jesús Baquero, el negro Vladimir, desertor de las Farcs, que desde entonces, se convirtió en tratadista de la contra-insurgencia, dictando cursos de instrucción a oficiales en Puerto Boyacá, en Bogotá, en Fusagasugá, como todo un experto.

Todos los grupos del país que quisieran enviar a sus gentes a estas escuelas podían hacerlo. Después se “graduaron como sicarios”, para regresar a sus respectivas regiones a reproducir sus enseñanzas, para matar subversivos y toda persona que ellos marcaban como tales. Los graduados con honores iban a la 25, situada en la “Isla de la Fantasía”. A donde arribaron mercenarios ingleses y judíos a instruirlos. Después, arribó Yair Klein, coronel israelí, experto en instrucción de contrainsurgencia. Había llegado primero a Urabá, contratado por ganaderos de Augura que agrupaba a los bananeros más poderosos, entre ellos Chiquita Brans, antigua subsidiaria de la United Fruit Company, Su arribo fue totalmente legal.

El coronel Klein transformó estos sicarios de pistoleros a terroristas. Los entrenó en el manejo de armas de largo alcance y en explosivos. Los más altos puntajes los obtuvieron Jaime Sierra Rocha y el negro Vladimir. El primero asesinó a Luis Carlos Galán, por determinación del Cartel de Medellín; asesinó a Teófilo Forero, Secretario de Organización del Partido Comunista, a su señora y a Antonio Sotelo, un activista político de Córdoba. El negro Vladimir realizó la masacre de los comerciantes de Bucaramanga en 1987 y, luego, a la Comisión judicial que investigaba esta matanza en la Rochela, municipio de Simacota,. Ambos, con sus grupos, barrieron el territorio del Magdalena Medio y de Santander de miembros de la Unión Patriótica.

Estos grupos o ejércitos de sicarios del Magdalena Medio, movilizaron sus agentes a Córdoba para realizar las masacres de la Mejor Esquina y la de la Hacienda la Negra. Seleccionaron 300 cursillistas, aportados de a cien por Víctor Carranza, el Cartel de Medellín y Puerto Boyacá, para atacar al secretariado de las Farcs, que estaba en tregua con el gobierno, pero estos los emboscaron a tiempo y salieron huyendo.

Puerto Boyacá fue declarada la Capital del Paramilitarismo, para la limpieza de izquierdistas y subversivos. Asesinaron a Miguel Angel Díaz, dirigente sindical de Telecomunicaciones y al viejo Faustino López, militante comunista. Los demás fueron asesinados, o se fueron a tiempo. Estos dirigentes del sicariato eran visitados por personalidades políticas, por periodistas, que los entrevistaban a menudo, contando “sus proezas”.

Formaron el MOVIMIENTO DE RESTAURACION NACIONAL, “MORENA”, PARA TOMARSE ALCALDÍAS, CONSEJOS MUNICIPALES, etc. Cuando solicitaron al gobierno la legalidad del movimiento, el Presidente Barco, indignado, negó públicamente, la solicitud, afirmando que no podía legalizar un movimiento que anunciaba al pueblo colombiano que “ahora si van a saber que es un Partido de Ultraderecha, cuyo escudo era un polígono apuntando al corazón del enemigo. Pero, a la larga, la legalidad no tenía importancia.

Todos los capos mafiosos de la época, pretendieron ser conductores políticos de sus regiones. El primero fue Carlos Ledher Rivas situado en el Quindío. Montó el Movimiento Social Andino, con su respectivo vocero periodístico, programas radiales, conferencias, mítines. Sus Supermercados rebajaban el 30%, para los ciudadanos carnetizados por su movimiento. Realizaba grandes paseos y fiestas donde la burguesía y la pequeña burguesía lo acompañaban fervorosamente.

Cuando el secuestro de Martha Nieves Ochoa, del Clan Ochoa Vásquez, por el M19, convocó a los jefes mafiosos que aportaron grandes sumas de dinero y diez hombres entrenados para formar la organización Muerte a Secuestradores- MAS; no podían dejarse quitar la plata que la “Divina Providencia” había puestos en sus manos, de ningún advenedizo.

Así nació el MAS que más tarde fue reforzado con elementos del Ejército, con un grupo de matones como el de Isidro Carreño, Inspector eterno de La Verde, región del Carare, que actuaba desde la violencia de los años cincuenta (50). Los “masetos”, como se les llamó, ejecutaron la violencia por el Magdalena Medio, los Santanderes, matando comunistas, sindicalistas, dirigentes populares, defensores de los Derechos Humanos y todos los que consideraban progresistas, colaboradores del movimiento armado.

Aparte de Pablo Escobar Gaviria, que organizó el movimiento Medellín sin Tugurios, que defendía y ayudaba a los pobres absolutos, que aceptó el desafío del Estado y le montó una guerrita, los demás, como los del Magdalena Medio, se mataron entre sí, y sus veleidades políticas quedaron anuladas, frente a las nuevas proyecciones del narco-paramilitarismo, que no eran otras, que asumir el poder económico y político del país.

También había que eliminar el obstáculo, Pablo Escobar, al que hicieron “minga”, la CIA, la DEA, los servicios del FBI, los Ingleses, la Brigada, el F2, el DAS y los “Pepes” (Perseguidos por Pablo Escobar), dirigidos por “Don Berna”, antiguo servidor de Escobar y exmilitante del Ejército Popular de Liberación (EPL), más el Cartel de Cali, que por asuntos de competencia, necesitaba de la eliminación de Escobar. Todos unidos en una bocacalle de una plazuela de Medellín; y la eliminación del EPL, que para entonces se había realizado.

El Partido Comunista Marxista Leninista se había organizado en 1965, como una divergencia del Partido Comunista de Colombia, contando con buenos auspicios, pues tenía a hombres y mujeres esclarecidos como luchadores abnegados, valientes y decididos, como Garnica, Morales y Torres, asesinados por torturas en el Batallón de Buga, bajo la dirección del coronel Bousdebes y sus esbirros; como Pedro Vásquez Rendón, Libardo Mora Toro, José María Alzate, que dieron sus esfuerzos y su sangre, en la dura batalla por la conquista de las masas y por crear su brazo armado, el EPL, pero fueron infiltrados por los cuerpos represivos y la mafia de Medellín, que introdujeron a elementos nocivos como Bernardo Gutiérrez, desertor de las FARCS, y engendraron monstruos como Monoleche, Ever Veloza (HH), Don Berna, que propiciaron su disolución, con el pretexto de la Paz y la convocatoria de una Constituyente, y les dieron en esa Asamblea dos puestos, cuyo papel fue el de eunucos políticos, con voz pero sin voto.

Y, ocurrió lo que nunca había acontecido en la historia del país y del movimiento revolucionario, el que un partido Revolucionario y su brazo armado se desmovilizara y se colocara al servicio del enemigo; al servicio del Estado y de sus grupos de sicarios, y al servicio de la propiedad privada. Y todo culminó cuando en enero de 1991, se estableció el pacto de Cese de Hostilidades entre el Jefe Paramilitar Fidel Castaño y Bernardo Gutiérrez, que una vez establecido salió para un puesto diplomático en Holanda, quedando en la manipulación y la entrega Aníbal Palacio, Agudelo, Jorge Franco, José Obdulio Gaviria y otros por el estilo que terminaron la entrega de los combatientes y militantes del PCML, y conformaron el movimiento Esperanza, Paz y Libertad.

Los esperanzados, en conjunto, con las fuerzas estatales, con la protección y el auspicio de militares de las brigadas de Carepa y Medellín y los paramilitares de los Castaño, barrieron con todos los integrantes de la oposición, los restos de la UNIÓN PATRIÓTICA, los miembros del Partido Comunista, dirigentes sindicales y agrarios.

Se ejecutaron grandes masacres en Turbo, Apartadó, Carepa, por los sembrados de Banano y de Palma Africana; eran batidas sepulcrales, donde según el mismo HH y Monoleche y otros, los paracos se vestían de militares y los militares de paracos y tenían los batallones, las armas, los vehículos estatales a su servicio, para entrenarse, descansar y planificar las masacres, con coroneles y demás oficiales y suboficiales; eran una unidad completa y compacta.

Y, hay que rendir honor a los militantes PCML, que no delinquieron, que no se entregaron, que les tocó refugiarse en la Uribe, para no ser exterminados por sus antiguos compañeros y, que, aun hacen ingentes esfuerzos para mantener el espíritu de lucha, defendiendo los principios revolucionarios y de clase, pisoteados por los traidores entreguistas.

En esta época, de moda para las desmovilizaciones armadas, no podía quedar por fuera el M19, que nunca tuvo un programa de lucha contra el Estado, y que según su Jefe más destacado, el movimiento era un sancocho revolucionario, una mezcla ecléctica, donde proliferaban todas las tendencias políticas, entró en la racha de las entregas a condición de que el Estado garantizara la Paz y se realizara una Asamblea Constituyente, acuerdo que de antemano estaba proyectado en el secuestro concertado de Álvaro Gómez Hurtado y el M19.

Efectivamente, esta Constituyente se realizó, redactando una Constitución, y librándonos de la de 1886 promulgada por Núñez. La nueva constitución garantizaba el Estado Social de Derecho, la Tutela, la no reelección presidencial, la elección popular de Alcaldes y gobernadores, la libertad de cultos, etc. Hermoso texto, éste de la Carta Magna, que hoy se expone como una colcha de retazos, mutilada y remendada por el poder Legislativo y el Ejecutivo, al servicio de la propiedad privada, el mandato de la oligarquía.

Esta constituyente es la que sirve a los sobrevivientes del extinto M19, para solazarse por su conquista: la participación en su redacción como manifestación del Constituyente Primario, por la elección popular de alcaldes y gobernadores, sin tener en cuenta que estas aparentes conquistas no le dan ningún poder al pueblo y, por el contrario, han sido manipuladas y puestas al servicio de los narcotraficantes y paramilitares, del despotismo y la arbitrariedad y el poder ignominioso de la dictadura presidencial, que recurre, precisamente, al Constituyente Primario, para sus referendos, maniobrando vergonzosamente su perpetuación en el poder y afianzar así una narcodemocraca, falaz y represiva.

Y el M19 que tuvo tantos muertos, torturados y arruinados, cambió un movimiento armado, con mucha influencia entre las masas, por el pírrico derecho a la participación en la Constituyente, a las elecciones masivas, que los narcoparamilitares utilizaron en beneficio propio, porque las mayorías no siempre son consecuentes y dependen de quienes las manejen, pues esta situación la logran los paracos a través de su capacidad de amedrentamiento, con el dinero y el plomo.

Después de eliminar, los supuestos obstáculos, los narcoparamilitares fueron por el poder completo. Crearon las Autodefensas Unidas de Colombia, unificaron los grupos dispersos, formando una estructura militar y política, que implicaba la formación de bloques armados y una contundente declaratoria contra la subversión, por la defensa del Estado y de sus instituciones, del impulso de la moral cristiana, de la defensa de la patria, socavada, según ellos, por el izquierdismo. Una fuerza genocida, montada sobre las masacres y genocidios y el dinero desestabilizador del narcotráfico, el despojo de la tierra de nuestros campesinos y, por último el eterno desplazamiento.

Distribuyeron los bloques paracos en todo el país: en el Magdalena Medio con el viejo Ramón Isaza, sus hijos, Cifuentes, el Gurre; en Antioquia y Urabá con los Castaño, Don Berna, el Bloque Metro, Hélmer Cárdenas, que también se extendió por el Chocó; en el Norte con Mancuso, que azotó las regiones motilonas, el Tarra, la Gabarra; en el Magdalena, cuando ya habían sido eliminados los grupos del Mico Durán y el Caracol, les correspondió este sector, más el Atlántico a Jorge Cuarenta y Hernán Giraldo, con su Bloque Tairona en la Sierra Nevada; y para el viejo Caldas, Quindío y Risaralda a Ernesto Báez, Macaco y otros; en el Tolima al comandante Elías, el teniente Alveiro García, y un poco más tarde con Eduardo Victoria Restrepo, el Socio; en Tarazá, con Cuco Vanoy, los mellizos Mejía; en Córdoba, Sucre y Bolívar, con los Castaño, Don Berna, Diego Vecino, Cadena, Juancho Dique; en el Valle del Cauca, que de tiempo atrás existían los bloques paracos de Mario Montoya, Wilmer Varela, Jabón, Gómez Bustamante, Rasguño, que actuaban en el Norte de este departamento y en Pereira. Y sería interminable la lista de agrupaciones paracas que inundaron el país.

Cuando escasean los grupos en algunas regiones, los políticos y los ricos piden refuerzos, entonces se traslada desde Urabá lo que se llamó o llama el “bloque Calima”, con Ever Veloza (HH) a la cabeza, que realizó las masacres del Naya en el 2001, asesinando con motosierra y la de la región de La Habana, de Buga, a medio kilómetro de la brigada; y, en los Llanos Orientales, que no contaban ya sino con el grupo de los Buitrago, con el aventurero Miguel Angel Arroyabe ( el Arcángel), que llenó este vacío comprando a Vicente Castaño, un contingente paramilitar por siete (7) millones de Dólares, y con Cuchillo, que más tarde lo asesinara, y el “Loco Barrera” se conviertieron en el azote de esta extensa región; irrumpieron en el Ariari, asesinando comunistas, miembros de la Unión Patriótica, hombres, mujeres y niños indefensos.

Todos estos “jerarcas” paramilitares eran visitados por personalidades políticas y sociales, por periodistas y escritores, porque todos querían saber de sus hazañas, y según sus propias declaraciones, en audiencia pública, arribaron a sus campamentos de Urabá, dos señorones bogotanos, parientes entre sí, que glorificaron las proezas y se quejaron de que en Bogotá, carecieran de una fuerza que eliminara a tanto izquierdista levantisco y para atender su “justa petición” les organizaron el Frente o Grupo Capital, bajo la dirección de Macaco, que arrasó en las barrios de Soacha, Ciudad Bolívar, Cazucá, donde habitan millares de desplazados, pobres absolutos y trabajadores. Como ejemplo se cita a alias “Chiquitico”, que emplazado en Audiencia Pública, en el 2007, confesó que no eran solamente 27 asesinatos, después de enfrentarse a la Juez y decirle que estaba equivocada, manifestó que eran más de 147 personas asesinadas, pues él llevaba la lista y la cuenta de los pagos que le hacían los patronos del centro de Bogotá, por cada víctima. Y, por su puesto, continúa el amedrentamiento, las muertes, los atropellos, en la capital de la república.

Pero, la tragedia no termina, porque las Autodefensas Unidas de Colombia, continuaron con sus proyectos y aplicaron lo que nunca fuimos capaces de hacer, los sectores de izquierda, la consigna leninista “de la combinación adecuada y simultánea de todas las formas de lucha”, claro que al revés, no en beneficio de las masas trabajadoras, sino en beneficio de los prepotentes amos del dinero, de la vida y de la muerte de los trabajadores.

Realizaron una reforma Agraria, expulsando, entre otros, a los campesinos de “Las Tangas”, que tiempo atrás habían tomado y cultivado esas tierras, dirigidos por el EPL, y después los sacaron y los nuevos propietarios que se atrevían a reclamar los asesinaron uno a uno. Igualmente, continuaron controlando los municipios y departamentos de Colombia, obteniendo jugosas ganancias de los presupuestos oficiales, de los proyectos y contratos; de los colegios y universidades, imponiendo rectores, profesores, trabajadores, expulsando los que no se sometían a sus abusos, como sucedió en la Universidad de Córdoba, en la del Atlántico, en Medellín y en el Magdalena. Impusieron impuestos y “vacunas” a tenderos y comerciantes, vendedores de plazas de mercado, vendedores de guarapo y viandas de las orillas de las carreteras; y nada se movía sin el visto bueno de los “paras”.

Después de las masacres de Segovia, del Nordeste Antioqueño, de Pueblo Bello, el Tomate, el Salado, El Haro, de Macayepo y demás asesinatos selectivos y demás, realizaron la reunión de Santafé de Ralito, cuyo Pacto firmado por los más destacados políticos costeños y otros políticos, pretendía la Refundación de la Patria, es decir, un programa de Estado, que reafirmaba la reunión de Bolombolo de 1998, en la que Mario Uribe Escobar, William Vélez y el nazi confeso Pedro Juan Moreno, Rubén Darío Quintero, Álvaro Uribe Vélez y José Obdulio Gaviria se propusieron la toma del poder político. Y, como muchos sectores del país, en especial la oligarquía y la pequeña burguesía, clamaban por el orden y la autoridad y la necesidad de un líder, encontraron un Fûhrer, en la persona de Álvaro Uribe Vélez, que había desbrozado el camino en la Alcaldía de Medellín y en la Gobernación de Antioquia donde, para reforzar el orden público, montó las Convivir, cooperativas de información y vigilancia, dotadas de armas oficiales y con la consigna de “matar primero y averiguar después”, que complementó a la fuerza pública y a los paramilitares, que ejecutaban los atropellos y crímenes. En la Convivir Papagayo hicieron sus pinitos los jóvenes, Salvatore Mancuso y Rodrigo Tovar Pupo.

Más tarde se realiza el Pacto de Chivolo, entre Jorge Cuarenta y los políticos del Magdalena, para reforzar estos proyectos y, ya para morirse, el ex presidente JULIO CESAR TURBAY AYALA, ORGANIZÓ EL MOVIMIENTO PATRIA NUEVA, que apoyaba y celebraba la “obra magna” del gobierno de Uribe Vélez, que no era otra cosa que la lucha contra el terrorismo, la Seguridad Democrática, con el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y la legión de cooperantes y soldados campesinos, aprovechando el Plan Colombia que dejó Pastrana y los millones de recompensas, por soplonería, falsos y reales positivos (crímenes de lesa humanidad premeditados, contra ciudadanos inocentes), provocaciones y denuncias.

Estos crímenes estimulados por las recompensas que se pagaban por cada guerrillo que se diera de Baja, además de las licencias, pollo asado, vino y dinero, con condecoraciones y distinciones a soldados, suboficiales y oficiales. Como consecuencia de estas ejecuciones fuera de combate, tenemos millares de jóvenes pobres e indefensos, reclutados con falsas promesas de empleo, asesinados impunemente, para ser presentados como éxitos de combate contra la guerrilla. Ser sapo y delator se ha convertido en un medio de vida, sangrando el presupuesto nacional, exprimiendo al pueblo colombiano.

A pesar de que los auspiciadores niegan su complicidad como determinantes de estos genocidios, los paramilitares confesos afirman que nunca estuvieron solos; contaron siempre con una dirección, con orientación y ayuda del llamado grupo de los seis (6), de los cuales, tres mencionados por ellos, es Rodrigo García Caycedo, que se considera así mismo como el creador de las autodefensas y tiene el valor de defenderlas, con Monseñor Duarte Cancino, quien fue asesinado, y con Miguel Angel Narváez, de la inteligencia del DAS, al lado de Jorge Noguera Cotes, que en sus conferencias a los jefes “paras”, les manifestaba que matar comunistas era completamente legal; los demás están a la sombra y en total impunidad.

En todo este proceso desolador, siempre se ha contado con la presencia de la Asesoría militar norteamericana, con la DEA, para erradicar el narcotráfico. Claro que! en 1981, la televisión colombiana mostró los aviones de la DEA, cargados de cocaína, negociada con el Clan de Pablo Escobar Gaviria y los hermanos Ochoa, rumbo a Estados Unidos, donde se repartía en pequeñas porciones gratuitamente a las comunidades negras de Nueva York y demás ciudades, para llevar a la juventud a la adicción de narcóticos, a su depravación moral, al crimen y a su destrucción.

Una Abogada texana instauró una demanda contra George Bush, por ser el autor de tal medida, cuando era Director de la CIA. Y, se sabe, por muchas publicaciones, cómo los decomisos de Cocaína en Estados Unidos, fueron negociados con distribuidores grandes y pequeños, para costear los recursos de la Contra Nicaragùense, que se enfrentaba al gobierno sandinista. Finalmente, los distribuidores de narcóticos en Estados Unidos fueron los grandes favorecidos por estas ganancias, por encima de los narcos colombianos.

Cuando los narcos criollos estaban repletos de dólares y crímenes, fueron a la discusión de Santafé de Ralito, junto al gobierno de Uribe a buscar su desmovilización: era la Paz del guerrero, que ya le permitía un puesto en el Estado, pues todos los estamentos estaban infiltrados y ya podían disfrutar de sus “méritos en el combate” contra la subversión, que fue en realidad contra el pueblo trabajador e indefenso.

Después, los jefes paras fueron encarcelados, para luego ser extraditados a Estados Unidos, cuando muchos de ellos tenían acuerdos con los gringos. Y, como en la ley de Justicia y Paz, se preveía Verdad, Justicia y Reparación, empezaron a hablar y como muchos de los auspiciadores y cómplices se veían afectados, empezaron a comentar que estos personajes no decían la verdad y, por lo tanto, no se les podía creer, pues en Estados Unidos están interesados solamente, en las rutas del narcotráfico y el lavado de Activos. No importa que hayan asesinado a millares de campesinos, sindicalistas, obreros y demás ciudadanos como los 446 ingenieros, maestros, albañiles, ayudantes, que se suponen hicieron las caletas y que, a principios de 1995, desaparecieron de sus casas y barrios de Cali, de los cuales algunos aparecieron con un bulto de cemento atado a sus cuerpos, sin vida en el río Cauca o, como, a los millares de sepultados en fosas comunes del Putumayo, de Antioquia, Sucre y Córdoba, entre otras. Estas prácticas ya no tienen trascendencia para los gringos, ni les merece ninguna preocupación, pues para eso les enseñaron a matar a detectives, oficiales del ejército y la policía colombianos en sus escuelas de espionaje y provocación.

Estas razones de fondo son las que explican que el comercio de narcotráfico siga tan campante, con sus grandes carteles y minicarteles, así como los grupos “paracos”, para seguir asesinando sindicalistas, estudiantes, maestros, activistas políticos de oposición, campesinos, trabajadores en general, pese a la cantaletuda lucha por la Seguridad Democrática, así como la miseria de las masas, paladiadas con el Programa Familias en Acción, que no es más que una gran urna de votos a favor de Álvaro Uribe Vélez, que trafica a su gusto con el hambre del pueblo.

Cuando comenzamos este tema, se planteó el impulso de la Fuerzas Productivas. Pero, los narcotraficantes y demás mafias no arribaron a una Revolución Industrial que, aunque cargada de crímenes, como todas las realizadas en el mundo capitalista, hubiera impulsado el desarrollo y la independencia económica; por cuanto ya no era hora de estas renovaciones técnicas de envergadura, estando de por medio el Gran Capital Financiero, que sólo permite el desarrollismo, la exportación de capitales y el proteccionismo y la utilización de la chatarra industrial desmoralizada y desechada por las grandes potencias; se quedaron en la industria ligera y estas débiles fuerzas productivas están estancadas, frenadas por el carácter retrógrado de sus Relaciones Productivas, que se envejecen y se pudren, poniendo en peligro de hundimiento a la sociedad colombiana.

Además porque los narcotraficantes y demás poseedores del dinero no son progresistas; son reaccionarios, retrógrados, y lo que querían no era el progreso del país, sino convertirse en latifundistas y terratenientes, en hacendados, en ganaderos y caballistas; en productores y comerciantes de la industria ligera. Todos sus crímenes y depredaciones no estaban encaminados, solamente, a frenar la subversión, que se les ha enfrentado siempre, sino al despojo de las tierras de los medianos y pequeños campesinos, a sangre y fuego.

Siendo el Estado el principal responsable del histórico genocidio del pueblo, éste no termina, se sigue extendiendo con retaliaciones sangrientas contra todos los pobres y desposeídos, para amedrentarlos y así impedir sus justos reclamos. Pero, afirmamos con certeza que este pueblo siempre se ha erguido, ha resistido, jamás se ha entregado y no lo hará. Persistirá y resistirá como siempre, empleando todas las formas de lucha, con limitaciones y sufrimientos, con fallas, con errores grandes y pequeños, rechazando las dificultades, contando siempre con los hombres y mujeres valerosos, que nunca han delinquido en sus principios y sus prácticas revolucionarias, que jamás han renunciado a la ardua, dura y difícil batalla por la emancipación de nuestro pueblo, que somos depositarios de un grandioso legado de lucha, que tenemos presente, porque la insurgencia es un hilo conductor, que alienta la lucha de clases que, a veces, se lesiona, se quebranta, se rompe, pero no perece, si tenemos en cuenta que LA UNICA LUCHA QUE SE PIERDE ES LA QUE SE ABANDONA.

En el último semestre del año 2008, estalló la primera crisis de la Globalización, que apunta a ser de efectos devastadores, para la economía mundial capitalista y, especialmente, para la existencia de los pueblos. Las crisis económicas son inherentes a la producción mercantil, como resultado de sus contradicciones antagónicas y de la acción de sus leyes económicas. Desde el inicio de la producción mercantil, siempre se ha presentado el fenómeno de la crisis pero, casi siempre, era producto de la superproducción relativa, que lo es, no en relación con las necesidades de las masas, sino ante su insolvencia.

Toda crisis de superproducción relativa lleva en sí la necesidad de renovar el Equipo Técnico, que se ha desmoralizado, porque no apunta a un alto rendimiento, y lesiona la obtención de la Cuota de Ganancia Media de los productores. Es así, como en cada crisis se pierden millones de máquinas y herramientas, por obsoletas. Al comienzo de la producción mercantil, las crisis económicas no eran tan contundentes, como lo han sido frente a la introducción de la tecnología, que encarece, aún más, el monto del Capital Constante, en detrimento del Capital Variable.

El Ciclo del fenómeno de la Crisis tiene cuatro etapas:

Primera-Depresión o Recesión-. Se deprime la producción y el mercado; millares de trabajadores van al paro total, o parcial.

Segunda. Crisis-. En esta etapa se deprime aún más, la producción y el mercado y crece el ejército de parados forzosos. Los precios de las mercancías suben y la moneda escasea; los propietarios prefieren quemar las mercancías, para mantener los precios. Se acelera la inflación y la deflación, al mismo tiempo escasean los créditos bancarios y se presenta un estado de miseria, de penurias para las masas.

Tercera. Reanimación-.. Se reanima la producción y el mercado; se construyen nuevas herramientas y maquinaria, y se pasa a la Cuarta etapa QUE ES LA DE AUGE En esta etapa, aumenta la producción y se expande, crece el mercado; hay una gran demanda de Fuerza de Trabajo. Se produce a niveles superiores, creando las condiciones para una nueva crisis. Las crisis de superproducción relativa son cíclicas
.
Los ciclos se acortan cada vez más y cada crisis es superior a la anterior.

Una crisis se da en cualquier rama de la producción, que lesiona otras ramas de la producción, como efecto de la actuación de la División Social del Trabajo, hasta que abarca a toda la producción y, por su puesto, a la distribución y al consumo.

La más contundente de las crisis de superproducción relativa, fue la de 1929, que se extendió a la crisis agraria dejando desastres en el mundo capitalista en especial, en los países subdesarrollados y dependientes, signados para la producción de materias primas agrícolas.

Esta crisis fue devastadora, pero no fue mundial. Existía la Unión Soviética, que no fue lesionada por este fenómeno económico y que triunfaba en el Primer Plan Quinquenal, erradicando el hambre y la miseria, heredada del zarismo.

El Capitalismo toma medidas para salir de una crisis, recurre a la guerra que de momento, impulsa la producción, adecuándola a la producción de guerra, que luego de su auge, postra a unos países en la ruina, mientras otros se fortalecen y adquieren su prepotencia frente a los demás.

La crisis de 1929, fue en lo fundamental, monetaria, había de sobra mercancías de consumo, pero no había con qué comprarlas. En Colombia fue particularmente dura. El país era en lo fundamental, exportador de materias primas agrícolas. Por esta razón quebraron las exportaciones de café y otros productos y se arruinaron los productores, casas comerciales y bancos, y a los trabajadores relacionados con el grano, como comerciantes, tenderos, arrieros, caporales, bogas, navegantes, enjalmeros, textileros y confeccionistas, es decir, a todas las ramas de la economía.

Los grandes comerciantes que habían acumulado dinero, que actuaban como reducidores de terrenos urbanos y rurales, de joyas y de bienes, se aprestaron al montaje de algunas empresas industriales, e impulsaron la construcción de carreteras, de edificios y bodegas.

Muchos campesinos arruinados abandonaron sus fincas o las remataron por precios irrisorios. Cuando pasó la crisis estaban desposeídos. El gobierno regalaba pasajes en los trenes para que los ciudadanos se fueran a colonizar baldíos. Así que se produjo un éxodo de las ciudades y pueblos hacia el campo.

El proletariado de los países capitalistas se puso de pie. Grandes manifestaciones y protestas fueron respondidas por los gobiernos con la represión. En Alemania fue particularmente cruenta. El país cargaba con los efectos del PACTO DE VERSALLLES, que se sumó a la crisis y los reclamos de los trabajadores eran contestados a plomo por los mandatarios de la Social Democracia en el poder. En Colombia, Brasil y Estados Unidos se realizaron las grandes Marchas del Hambre de los desocupados, de los hambrientos, de todo el pueblo.

La crisis y su culminación trajo un reflujo revolucionario. Se perdió la hora del asalto al poder por el proletariado, en muchos países; repuntaron movimientos reaccionarios como el Nazi-Fascismo, la Falange y otros. La crisis de 1929 fue el prólogo de la Segunda Guerra Mundial.

En América del Sur hubo dos guerras: la del Chaco entre Bolivia y Paraguay, que enfrentó a estos países hermanos para dirimir el conflicto entre los monopolios de la Standard Oil y la Shell, que se disputaban las reservas del crudo de este par de países; y la de Colombia y el Perú, en la que se jugaban las contradicciones entre el imperialismo norteamericano y la naciente potencia del Japón.

En Europa, la Guerra Civil Republicana en la que Hitler y Mussolini contribuyen con sus fuerzas represivas a la destrucción de pueblos y ciudades, probando sus armas, para la preparación de la Segunda Guerra Mundial y la guerra entre Finlandia y la URSS, y la agresión de Japón a Mongolia exterior.

La última crisis fue en 1999-2000, que tuvo como epílogo la crisis política emanada de la destrucción de las Torres Gemelas, en la que George W. Bush declaró la Tercera Guerra Mundial no precisamente, contra un país o un grupo de países, sino contra el terrorismo, aplicando La Guerra Preventiva contra cualquiera que osara atentar contra la Seguridad del Imperio, reafirmando el Destino Manifiesto y el predominio del Nuevo Orden Mundial.

Esta decisión le permitió atacar criminalmente a Afganistán, con el pretexto de derribar a los Talibanes, un mandato retrógrado que el imperialismo había armado, entrenado y llevado al poder a través de la CIA, y se ganaron una guerra prolongada, con altos costos para los gringos, en dinero y en vidas, pero se acrecentó la gran industria militar, descuidando otras ramas de la producción.

La destrucción de las Torres Gemelas correspondía a la proyección de las nuevas generaciones de petroleros, para posesionarse en la Gran Cuenca Islámica, que nace en el Estrecho del BÓSFORO, en la Gran depresión de la tierra que divide dos continentes: el europeo y el asiático, así como a la ciudad de Estambul y que se extiende a cuarenta y un países, que están sobre ella o son sus vecinos, uno de ellos Afganistán.

La Gran Cuenca Islámica alberga en su seno la más grande reserva petrolera mundial, y la codicia fue lo que condujo a los norteamericanos a declarar la Tercera Guerra Mundial, y no como afirman muchos que es un choque de civilizaciones.

Para lograrlo había que contar con un gobierno Neoconservador, agresivo y fascista, como el de Bush. Y fue muy diciente y relevante, el que un grupo de hombres y mujeres portaran una enorme pancarta, frente a las ruinas de las Torres Gemelas que decían: LOS VERDADEROS TERRORISTAS ESTAN EN LA CASA BLANCA. Luego agredieron a Irak, utilizando infamias, patrañas y mentiras, para derrocar a SADAM HUSSEIN, porque echó a trancazos a las multinacionales que se campeaban en el país, pero lo que les importaba, no era su presencia en el poder, sino el dominio de las grandes petroleras y sus inconmensurables reservas.

Los norteamericanos intervencionistas y agresivos que jamás han ganado una guerra, salvo la de la pequeña isla de Grenada, se enfrascaron en una guerra prolongada, de desgaste en dólares y vidas norteamericanas, más el repudio de la opinión demócrata mundial, por los bombardeos, las infamantes torturas, la destrucción de su patrimonio histórico, de aldeas, de pueblos y ciudades.

Y, Álvaro Uribe Vélez, posando de Napoleoncito se suma a la Gran Alianza para la agresión a Irak, a un país que nunca nos ha hecho daño y que muchos colombianos no ubican en el mapamundi, solamente por congraciarse con los gringos, para que le aseguren las migajas del Plan Colombia y el Plan Patriota, repitiendo incansablemente su lucha contra el terrorismo, del cual sindica a los opositores, a la Corte Suprema de Justicia, espiada y perseguida por sus cuerpos represivos declarándolos torcidos ideológicamente, cómplices del terrorismo, merecedores de ser judicializados, encarcelados y, hasta víctimas de un “falso positivo”, por traidores a la patria que Uribe identifica con su persona.

La crisis del presente, sí es mundial y es producto de la prepotencia del Gran Capital Financiero, esa fusión de los monopolios industriales y comerciales con los de la Banca Mundial, que han invadido todas las esferas económicas, militares, culturales, de todos los pueblos de la tierra, que se conmocionan y colapsan, ante la quiebra de la circulación monetaria, la de los llamados paraísos fiscales, las inversiones de capital, la inmensa depresión en la producción y el comercio, la desocupación, el hambre y la miseria de las masas. Esta primera crisis de la globalización que, apenas empieza, ha puesto a tambalear al capitalismo, con el desplome de sus pilares, en los que se paraba la prepotencia económica, y el Nuevo Orden Mundial.

La Sociedad Capitalista contó con un período de depresión en la producción y el comercio, con la escasez y encarecimiento de los alimentos, con la fluctuación del dólar, con la merma de la exportación e importación de materias primas, con la del bajo precio del petróleo y con el crecimiento de la gran industria de armamentos, hasta desembocar en el colapso monetario, fruto de la especulación y de la usura, localizada en un principio, en la manipulación financiera, con las hipotecas de más de 57.000 viviendas en Estado Unidos y, estas especulaciones, se estrellaron contra la Banca, que no pudo corresponder a los créditos, porque gran parte de sus movimientos estaban basados en el dinero ficticio o virtual, derrumbándose así los paraísos fiscales, el santuario del dinero, Wall Street, los ahorros y los proyectos económicos; arrastrando a los países de la Comunidad Económica Europea, y a las naciones emergentes, que cayeron en sus puntajes de crecimiento y del Producto Interno Bruto.

Pero, esta Primera Gran Crisis de la Globalización, no viene sola, sino acompañada de otras crisis, no menos graves, que la convierten en una crisis generalizada y múltiple, como acumulación de los factores negativos, en los cuales se han cimentado los pilares decadentes y podridos del Gran Capital Financiero.

Por tanto, el mundo presencia la crisis alimentaria. La FAO informa de 1.150 millones de seres por debajo de la pobreza absoluta que padecen hambre y de millones que están en vía de pauperización, es decir, de llegar a no tener el más mínimo recurso para subsistir.

Colombia ostenta un destacado lugar en relación con el hambre y la desnutrición de vastos sectores de la población urbana, suburbana y rural. Miles de niños del Chocó y de otros departamentos mueren semanalmente como consecuencia de la desnutrición y, las ciudades y pueblos, están rodeados de cinturones de miseria, frente a la opulencia y el lujo hiriente, desafiante de los grandes ricos. Estas necesidades básicas de los pueblos aumentarán en la medida en que camine la crisis económica, con los millones de parados forzosos. Se calcula que por lo menos, al terminar el año 2009, habrán perdido sus empleos cincuenta y nueve millones trabajadores en el mundo, que se suman a los millones que perdieron su trabajo y a las nuevas fuerzas económicamente activas, que no encuentran más ocupación.

Esta crisis genera otras crisis, además de la económica: la crisis del medio ambiente, que azota a la tierra, con sus cambios climáticos, como resultado del abuso de los capitalistas contra la naturaleza, de la contaminación, de la deforestación, del envenenamiento del medio ambiente, que conduce a la humanidad a los desastres naturales inevitables.

Se desarrolla la crisis fiscal. Todos los gobiernos han derrochado los fiscos nacionales, en la guerra, en la represión a las masas, en programas absurdos, en subsidios a las grandes empresas, en la destinación de recursos monetarios para salvar los bancos y las grandes empresas. En Estados Unidos se destinaron, cuando comenzó la crisis, novecientos mil millones de dólares, para paladiar las pérdidas de los grandes bancos, que habían caído en bancarrota, de los grandes símbolos mundiales del transporte terrestre: la Ford, la General Motors y la Chrayslert. Estas erogaciones ahondaron más la crisis fiscal de las potencias económicas, que pretenden cubrirlas con impuestos a la población.

El gobierno de Uribe, se vanagloriaba con el arribo de la Inversión Extranjera, que realmente afluyó con la introducción de capitales, utilizando el Efecto Golondrina, haciendo los capitalistas extranjeros fabulosos negocios, con el producto de sus ganancias, que salín país sin condiciones y sin impuestos. Si Uribe esperaba una hecatombe, para mantenerse en el poder, ya la tiene con el hueco fiscal de billones de pesos, que hundirá al país, si se tiene en cuenta que no le preocupan la salud pública, la apertura de empleos, las reformas sociales, sino la marcha de la Seguridad Democrática, la guerra al terrorismo y los fabulosos contratos leoninos, donde pululan la corrupción, la ineficacia de la que hacen gala sus áulicos y partidarios.

Planea obtener los recursos monetarios, postrando más a la población con impuestos y recortes a las necesidades más apremiantes del país. Además, se considera blindado ante los efectos de la crisis mundial, cuando cada mes aumenta la desocupación, crecen los desastres naturales, las carreteras y puentes están destruidos y centenares de personas mueren o quedan heridas, por los accidentes, las inundaciones y la pobreza. No hay un capital estable. Se remataron las empresas estatale, creadas por los trabajadores a la propiedad privada.

Se une a la crisis de la Globalización, la crisis política e ideológica. La burguesía es golpeada por la decadencia de su ideología; ya no tiene nada que ofrecer a los pueblos, no tiene programas coherentes. La libertad y la independencia de los pueblos, está enajenada, frente a la ambición, la codicia, la represión y la agresión. Su humanismo burgués, basado en el lucro y el préstamo a intereses, se ha resquebrajado. De sus consignas iniciales de Libertad, Fraternidad e Igualdad de la defensa de las Libertades Públicas no queda ni la sombra, porque el capital que fue progresista en el desalojo del Régimen Feudal, ha llegado a su etapa culminante y última, cuya existencia pone en peligro a la humanidad.

Todas sus políticas económicas han fracasado, han sido un azote para los pueblos: el Libre Cambio, la expansión y la colonización de pueblos, el colonialismo y el neocolonialismo, el Neo liberalismo y, ahora, la Globalización, están golpeados, y los trabajadores, el proletariado, que nutre sus filas con los desocupados, con los desplazados, con los pequeños y medianos productores, con el campesinado arrinconado, con los indígenas y negritudes discriminadas, con los millones hambrientos, no sirvirá de puntal para sostener un sistema plagado de crímenes y de desastres a la humanidad. El proletariado se levantará de su pasividad, de su conformismo, por la conquista de un mundo mejor, por la persistencia de la vida y de la libertad. Y, es posible, que el capital acorralado por sus propias acciones, recurra a la guerra; de momento existen conflictos o se los inventan, o se los fabrican, para salir de la crisis, y entrar en un nuevo ciclo, aún más devastador.

Puede atentar contra Corea del Norte, contra Irán, Paquistán, Palestina, Rusia, a quien pretende montarle un escudo de misiles, en sus patios traseros y, lamentarán los Revisionistas y traidores del marxismo – leninismo, que hundieron la sociedad socialista, con sus pretendidos cambios sociales, que resultaron una contrarrevolución, un retraso social en detrimento de un pueblo y de los pueblos del mundo y, ahora sus aliados, que tanto celebraron el derrumbe socialista, los amenazan, los enganchan en la crisis de la globalización y sus efectos. También puede ser por América Latina, pues sus pueblos ya no son los incondicionales del imperialismo norteamericano, como en el inmediato pasado. Cuentan con gobiernos democráticos, más no con el poder económico, que les garantizaría su independencia.

Y, el avance de esta crisis múltiple, tiene que desembocar en la Crisis General del Sistema, que se incuba en él desde su nacimiento; y su proceso insurreccional que avanza como producto de su contradicción fundamental entre el Trabajo y el Capital, cuyo estallido es incontenible, dada la maduración de sus leyes sociales y del agudizamiento de sus contradicciones antagónicas. El arribo de Barak Obama a la Presidencia de la República de los Estados Unidos, en hora tan crucial, como la del inicio de la crisis de la globalización, trajo esperanzas a muchos sectores humanos, acogotados por el gran imperio. Sus pronunciamientos acerca del respeto a los derechos humanos es positivo, pero no atentará contra la prepotencia de su país, frente a los demás pueblos de la tierra; mantiene la política de Bush, de la guerra preventiva y de su autodefensa, así como la llamada guerra contra el terrorismo; pretende limpiarle la monstruosa cara al Gran Imperio del Capital, de la explotación y la opresión.

Ante esta situación objetiva y sus perspectivas, los trabajadores colombianos tenemos muchísimas tarea para realizar.

Rescatar las ideas democráticas, progresistas y revolucionarias del Marxismo Leninismo, pisoteadas por los oportunistas, revisionistas y traidores, para que sean la guía de nuestras acciones de lucha.

Vencer la pasividad y el conformismo, elevando nuestras acciones por las reivindicaciones y conquistas del proletariado. Luchar por la formación del Frente Proletario y Popular, contra los efectos de la Crisis Múltiple de la Globalización.

Llamar a los trabajadores, a los integrantes del sector informal, a los campesinos, indígenas y negritudes, a las amas de casa, a los trabajadores de la salud y del magisterio, a los intelectuales progresistas, periodistas, profesores y estudiantes, a quienes carecen de techo y, en fin, a los hombres y mujeres de nuestro pueblo.

Movilizarnos por la defensa del Tapón del Darién y de las fuentes hídricas de nuestro territorio, amenazados por la carretera Panamericana, y la explotación de minas en los Páramos y en los humedales, que amenazan la vida de nuestra nación.

Luchar en contra de la implantación de bases militares gringas que pretenden instalar en nuestro país. Son una amenaza para nuestro pueblo y para los países vecinos.

Exigir medidas eficaces contra las enfermedades, como endemias y pandemias, como la leishmaniasis, la malaria y otras que se agudizan y agudizarán con el hambre y la desnutrición.

Luchar por una Paz Democrática, que no sea la paz de los vencidos, ni la de las fosas comunes, que se extendieron por nuestro territorio.

Por un Estado progresista de los explotados y oprimidos, que erradique para siempre a las oligarquías asesinas y genocidas contra el pueblo trabajador, para que nuestros hijos y demás descendientes no sean las víctimas ni los victimarios, generados por el régimen explotador, parasitario y represivo.

Somos los trabajadores colombianos un gran contingente humano, solo nos falta la unidad y la decisión de lucha. Logrémosla sin sectarismos, ni exclusivismos. Por un porvenir de prosperidad, de paz y fraternidad del pueblo colombiano.

HOMENAJE DE FRATERNIDAD Y RESPETO A LOS LUCHADORES POPULARES DE AYER, DE HOY Y DE MAÑANA.

Núcleos Marxistas – Leninistas
Colombia 2009.

Comentarios

2 comentarios en “primero de mayo su historia

  1. Debo felicitar su capacidad de síntesis para intentar una tarea tan colosal como la de conectar con coherencia en un solo y corto escrito, la historia de las luchas obreras colombianas, desde su perspectiva ideológica, que respeto profundamente, independientemente de mi opinión divergente en varios aspectos. Sus referencias a las masacres de los años 50, me retroceden a mi infancia, borrosa por mi corta edad, cuando supe del asesinato de mi padre Alfonso Herrera Rubio, luchador liberal gaitanista, quien murió el 10 de abril de 1.955, fusilado por el ejército en el sitio Los Peligros, de Carmen de Apicalá. Sus reflexiones finales, que invitan a los pueblos conscientes a no abandonar la lucha por la democracia verdadera, son absolutamente válidas, indispensables, necesarias. Mi visión personal excluye totalmente la confrontación armada, la venganza, y la violencia. 80 años de sangre, muerte y destrucción, deben indicarnos que el camino de las armas ha fracasado. Vivimos otros tiempos de información en tiempo real, y conocimiento inmediato (aún cuando en oportunidades manipulado, y con la internet cada vez menos). Muchos pueblos hoy en día buscan la democracia a su manera, según su situación y necesidades. no creo que el calco o la imposición ideológica puedan ser soluciones realmente adecuada a cada sociedad en particular. Hoy pienso más en la necesidad de construir consciencia individual y colectiva, fortalecida por la defensa de los derechos humanos, los valores de la solidaridad, la justicia, la honestidad, la cultura de cumplimiento, la equidad, la igualdad de oportunidades, el derecho universal a una vida digna para el ser humano y su familia, el derecho al progreso individual y colectivo según sea la capacidad de cada quien, mediante el ejercicio de la protesta ciudadana, que de ser necesario pueda exigir a cada quien la vida, por la paz individual y colectiva, siempre dentro de la democracia como única forma posible de organización social. Agradezco la mención que hace de mi padre, quien fue un digno ejemplo de lucha por el bien común.

    Publicado por hector herrera ramirez | junio 4, 2011, 3:44 am
  2. SOY UNO DE LOS SOBREVIVIENTES DE LA GUERRA DE VILLARRICA EN EN ORIENTE DEL TOLIMA Y CREO QUE EXISTEN MUCHAS COSAS NO CONTADAS DE TAN TRISTE HISTORIA . ASPIRO A PODER NARRARLAS ANTES DE EXPIRAR EN ESTE PAIS DE CAFRES

    Publicado por Edison Peralta Gonzalez | junio 12, 2011, 8:10 pm

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