GUERRA Y SALUD MENTAL
Última actualización el Lunes, 29 de Noviembre de 1999 19:00 Escrito por FUNDACIÓN WALTER BENJAMIN COLOMBIA Jueves, 15 de Diciembre de 2011 16:21
FUNDACIÓN W. B. PARA LA INVESTIGACIÓN SOCIAL
Es de Perogrullo que la guerra causa alteraciones en la Salud mental, las comunidades y la sociedad en general; violencia, terror persecución, son las características más sobresalientes. Pero, la violencia social es, tal vez, la situación más aberrante: la desaparición forzada, la muerte sistemática, las masacres, son experiencias colectivas de muy difícil elaboración y reparación, y permanecen generando malestar y destrucción. El daño en la capacidad que tienen las personas para relacionarse, ha sido muy evidente, y los daños sobre la familia y sobre las comunidades es imposible de eludir; pero también la guerra causa enfermedad mental de orden individual.
La ética se pierde, los valores transmutan y pierden sentido, sólo importa el ejercicio del poder, sin embargo las fuerzas en confrontación desean cada una tener la razón. Las instituciones que piensan actúan y dirigen la guerra, están contaminadas de la imposibilidad de aceptar al otro – diferente-ajeno, el enemigo, y esto también es enfermedad.
Los estudiosos de estos fenómenos han demostrado que la guerra que causa destrucción del mundo externo, es decir del entorno geográfico, de las redes sociales, de los usos y costumbres de las personas, causa también la destrucción del mundo interno de cada uno de los seres que componen los colectivos, se modifica o se anula la afectividad, la emocionalidad, el sentido de las cosas, la capacidad de pensar, la posibilidad de resolver y conectarse con los sentimientos de los demás. Incluso se habla del daño de la relación consigo mismo y con su cuerpo, la relación con la aparición de enfermedades físicas e ineludiblemente la aparición de la enfermedad mental.
Aquellas personas, colectivos o clases sociales que detentan la autoridad y mueven los hilos de la guerra, ¿podrán enfermar? Podemos acaso decir que ellos no están afectados, y en este mismo sentido podemos pensar si nuestro Presidente un hombre de guerra, puede haber sido alcanzado por algún tipo de afectación?.
Contestar esta pregunta nos pone en el camino de si pensar en la muerte, en la desaparición del otro sin valor residual, necesita un cambio psíquico interno, un cambio que implique el derribar barreras construidas para hacernos civilizados, humanos. Todos somos capaces de tener fantasías homicidas pero la posibilidad, de que ésta se concreten son mínimas, esa posibilidad se legitima en los sectores de la sociedad encargado de la represión y la aplicación de dolor y penas y se legitima a ultranza en el contexto de una guerra irregular, en la cual la persecución y la cacería que son sus herramientas han alcanzado un notable desarrollo y su uso necesariamente esta ligado al predominio de estados mentales de grandiosidad y omnipotencia.
Entonces, ¿estará el presidente Santos perfectamente convencido de que la muerte es correcta, necesaria, que debe darse en una sucesión pensada organizada ensayada, controlada, masiva, que permita llevar al desamparo total al enemigo y que pueda ser avalada como una suerte de logro, y un lucro?
Eso esta confirmado tanto con las acciones de guerra a lo largo de su vida, como con el personal sistema explicativo que usa, aunque él no lo invento, aparece muy cómodo con los sentidos de deshumanización, trasportados con las amenazas y alusiones descarnadas que causan terror, cuando notifica el asecho y proclama la muerte. El uso de nombres como Sodoma, y los muy originales referentes de tipo persecutorio omnipotente que aunque son del uso de manuales del terror son usados sin ninguna mitigación ha llamado la atención hacia por lo menos dos declaraciones sobre la muerte del enemigo que pertenecerían al terreno siniestro y que por lo tanto no puede nombrarse no siendo objeto de registro o análisis.
El abordaje de estos dos elementos merecen un poco de contexto. Consideremos que una cosa es la rivalidad, la venganza, la necesidad de someter, el deseo de triunfo y muchos otros sentimientos presentes en la forma más antigua de persecución que es la cacería del enemigo, se entiende que el líder quiere ser el primero y tenga prerrogativas sobre el cadáver, pero otra cosa muy distinta es la que se trasmite cuando el líder comunicas, comparte y lanza al aire, una experiencia emocional íntima ante la ritualizada y fetichizada muerte del enemigo rostro de “embriaguez” como el feo retrato de Dorian Gray que posiblemente le impidió mostrar se en TV en un primer momento.
El primer elemento fue el comentar una experiencia emocional pobremente encriptada, el derrame…. de lágrimas frente a su mujer y luego espontáneamente, en vivo y en directo, de forma macabra regaló a los tres presidentes que lo acompañaban en la reunión de la CAN el cadáver de Cano, esto sucede, cuando contestando la pregunta de una periodista quien agudamente indagó si alguno de los presidentes lo había felicitado por la muerte del guerrillero se precipitó contestando “yo no hago regalos para que me lo agradezcan”.
El silencio ante estos hechos no es gratuito, pues son elementos muy pegados a los básicos instintos erótico-agresivos, en momentos de pobre diferenciación si se quiere, cuando las palabras no existen todavía o han perdido su significado.
Pero para el caso del daño por la guerra puede pensarse, de ser plausible, esa hipótesis, que estos elementos son producto de la normalización de la destructividad y pérdida de la estética armónica que se reemplaza por lo dislocado. Con ello se entiende que maneja de forma más radical y sistemática un viejo proyecto de borramiento total y posible incorporación primitiva del enemigo, se movilizan excitaciones de tipo necrófilo, cuyo entendimiento va más allá de los alcances de este ensayo. Una situación ligada a esta dinámica sería la necesidad de un continuo flujo de estas emociones cuyo logro puede irse complicando, por la necesidad del plus de placer requerido para cada uno de ellos.
Podría el pueblo colombiano llegará hacerse adicto a este tipo de situaciones, que tienen un enorme influjo mediático? pueden transformar una conducta grupal? La respuesta desafortunadamente es si. Personas híper excitadas en el contexto anterior influyen notoriamente pudiendo producir descomposición y dispersión del acumulado ético que en este caso se habría dado alrededor de la consecución de la paz.
El sacrificio de la paz, sin la consecuente responsabilidad y duelo, dan nacimiento o abroga otro tipo de “derecho” de dimensión tanática, el derecho a punir y atormentar a ultranza y eternamente; tan concordante con las últimas formas de guerra sin fin, que se perfilan en el horizonte de la modernidad. Se impone por lo tanto y en nombre de la sobrevivencia la demarcación de límites y fronteras donde a partir de la estética y la armonía, lo feo y dislocado sean señalado y rechazado. Queda un último elemento por mencionar, que en realidad es una pregunta, ¿la enfermedad en el punto en que esta conducirá a la muerte o revertirá con algún tratamiento?
GUERRA Y SALUD MENTAL
enero 5, 2012 por otrasideas