Betancourt: feliz por haber estado en Colombia pero precupada por impunidad
La ex rehén de la guerrilla de las FARC, Ingrid Betancourt, se declaró el domingo “feliz” por haber regresado a su país por pocas horas, pero también se mostró preocupada por la “impunidad” que hay en Colombia, Cosa que realmente es muy preocupante y comparto con Ingrid esa preocupación en una entrevista con AFP antes de iniciar una gira suramericana.
“Hay demasiada impunidad de los que tienen poder”, Cosa a la que habría que ponerle ojito, como dicen por aquí se lamentó Betancourt al ser preguntada sobre su visión de la situación de derechos humanos en Colombia, su país natal al que volvió sorpresivamente el sábado luego de haberse ido el 3 de julio pasado, veinticuatro horas después de haber recuperado su libertad. La cosa con Derechos Humanos es una mierda, como bien lo señala el documento de Amnistía Internacion: “Dejénnos en paz”,
Sin embargo, estimó que “el país avanza, pero todavía queda mucho, mucho por hacer, en particular en el tema de derechos humanos y en cuanto al tema social, porque hay demasiadas diferencias entre los que tienen y los que no”. Estamos completamente de acuerdo, doña Ingrid.
Betancourt pasó poco más de seis años secuestrada en la selva en poder de la guerrilla marxista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que la tomó cautiva cuando realizaba campaña electoral a la presidencia de Colombia por el partido verde Oxígeno, sin ninguna posibilidad de acuerdo con las encuestas.
“Quisiera que hubiera más responsabilidad para tratar el corazón del problema. El corazón del problema es que hay demasiada impunidad de quienes tienen poder, medios, contactos”, insistió en sus declaraciones a la AFP pocas horas antes de viajar a Ecuador, primera etapa de su gira. Y como lo señalaba el querido Francisco de Roux, S.J., por allá en la década del ochenta en Colombia hay tres grandes vacíos que habría que llenar que son:
1- Vacío de Estado, que no se llena con un pequeño Estado neoliberal que acude a políticas hitlerianas como es el gobierno de Uribe; lo que habría que promover es un Estado de Bienestar.
2- Vacío económico ya que como señala la misma Ingrid hay demasiadas diferencias entre los que tienen y los que no y es claro que este vacío genera situaciones como las de las pirámides, ya que el pueblo empobrecido encuentra en esa oferta mágica una alternativa de conseguir dinero fácil. En estos días leía una declaración de los usuarios de las pirámides, quienes decían que la oferta de ese pillo, que atraparon, les venía como anillo al dedo después de haberse sentido atacados por las fumigaciones en el Putumayo, que terminaron por empobrecerlos mucho más.
3- Vacío ético que yo creo que es el más grave, desde que pasó de una catolicitis a una anomia total, pues no ha habido la construcción de un juicio moral autónomo al estilo del que proponía Kant y que tan bien estudia Jean Piaget. Una de las cosas que más me ha sorprendido aquí en España es la honradez de la gente.
Respecto a las “ejecuciones extrajudiciales” que se han venido denunciando desde octubre y han llevado al presidente Álvaro Uribe a ordenar una purga histórica en el Ejército, Betancourt las consideró simples “asesinatos”. De los cuales, en última instancia Uribe es responsable pues él opera un poco como Poncio Pilatos y se lava las manos, lo más de bueno, como dicen los paisas.
Es “una doble moral en virtud de la cual los unos son criminales y los otros mujeres y hombres que han cometido errores”, añadió, al descalificar la diferenciación entre asesinatos y ejecuciones. Lamentablemente los colombianos somos los campeones de una moral de la ambigüedad. [1]
La ex candidata presidencial desistió de continuar en la actividad política tras su liberación a pedido por sus dos hijos, que también le han pedido que no regrese a Colombia por razones de seguridad, según ha manifestado. Buen consejo el de esos muchachos, quienes han debido sufrir mucho, en relación con un pecado de arrogancia, de hubris , como dirían los trágicos griegos. Es mucho lo que puede hacerse desde afuera, doña Ingrid.
Betancourt, quien también tiene la nacionalidad francesa de su primer marido, se instaló en París, pero confesó que “cuando estoy en Francia quiero estar aquí (Bogotá), y cuando estoy aquí quiero estar en Francia. Es siempre lo mismo, uno siempre echa algo de menos”, dijo con resignación. Esa es la contradicción que hay que asumir, mi señora, y creo que no debe culpabilizarse de vivir en la Ciudad Luz después de haber vivido en una selva obscura.
Sin embargo, aseguró: “si fuera posible me gustaría pasar más tiempo aquí”.
Dijo haber sentido “mucha felicidad” al volver a su país, aunque sólo fuera por 24 horas.
“Necesitaba estar aquí, regenerarme, estar con los míos, en mi casa”, explicó, añadiendo que si pudiera viviría entre Colombia y Europa. No hay que disculparse, misiá, eso bien merecido lo tiene.
Respecto a la decisión de realizar una gira por la región que la llevará además a Perú, Chile, Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela, dijo: “pensaba: yo iba a vivir la Navidad y va a ser maravilloso, pero, ¿qué hay para ellos?” (sus antiguos compañeros de cautiverio).
Y destacó que se encuentran “sin esperanzas” debido a que “no hay ningún contacto entre el gobierno y las FARC”. Lo cual es absurdo y antiético, son las posiciones absolutistas de un presidente que se cree el soberano hobbesiano. ¡No hay derecho!
Las FARC mantienen secuestrados a dos políticos y 26 policías y militares que proponen canjear por unos 500 de sus militantes presos, incluidos tres en Estados Unidos.
Es precisamente por ellos que decidió realizar el periplo internacional. “Quiero intentar construir un espacio en el cual no haya egos, crear una atmósfera para que (las partes) se puedan encontrar”, anunció. Ojalá lo lograra pero creo que eso sí es utópico pero, no importa, hay que intentarlo.
Finalmente la ex rehén confesó haberse “dejado llevar por la felicidad” cuando divisó la ciudad de Bogotá desde los aires, apenas minutos antes de aterrizar en esta ciudad que volvió a dejar este domingo.
[1] En relación con la moral, Simone de Beauvoir, partícipe del humanismo ateo que representaba su compañero Jean-Paul Sartre nos dice; El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre solo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir. Algo que falta en nuestro país. A doña Simone la obsesionaban imágenes del destino como la ambigüedad y una ética humanista, desde una elección existencialista y atea. Ella criticaba esa dosis de artificio con la que impostaba la cultura francesa, siempre oscilante entre la intransigencia ideológica, el idealismo redentor y la literatura del intelectual comprometido, cosa que le resultaba totalmente inconveniente y contraproducente La preocupaban la tentación por el exceso, y la violencia es un exceso, los veredictos setenciosos, la profliferación de dictaduras en el mundo en el que le tocó vivir, los rigores del colonialismo y los sistemas autoritarios; ella hubiera querido cambiarlo todo y bien en busca de una esperanza para un mundo que va, como los seres humanos, de una nada a la otra. Ello era suficiente para darle coraje para ubicarse en contra de la opresión, del colonialismo; ella prefería discrepar a ceder, en ese macrocontexto de la posguerra, tras la Segunda Guerra Mundial, ya que ni ella ni Sartre tuvieron que esperar demasiado para darse cuenta de las atrocidades que tanto el capitalismo como el comunismo soviético representaban, aunque tuvieron simpatías por el Partido Comunista y en la década de 1960 estuvieron presentes en intervenciones públicas que apoyaban a los pueblos oprimidos. Una pasión creativa la acomparñaría hasta su muerte. Su autodisciplina era famosa y trabajar era, para ella, todo un placer; escribir y vivir fue para ella una misma cosa. Aunque nuestra ambigüedad colombiana no creo que sea la del existencialismo como negación de la moral establecida porque al mismo tiempo no afirma otra filosofía moral, como la moral de la ambigüedad que la Beauvoir propuso en 1947. La nueva moral, propuesta por Sartre y por ella, rechaza las doctrinas morales clásicas, religiosas o laicas, que buscan el consuelo del ser humano, ya que para ellos la condición humana es la de la ambigüedad sobretodo a partir de los desastres ocasionados en la Segunda Guerra Mundial. Para ellos, la historia humana constituía, desde entonces, un franco fracaso pero un fracaso ambiguo o ambivalente. Para ellos, la nueva moral era una mezcla de nihilismo y existencialismo, ¿un nadaísmo como el de Gonzalo Arango en Colombia? Ya que para ellos la actitud nihilista manifiesta una cierta verdad, que devela la ambigüedad de la condición humana pero el error de nihilismo era su definición del ser humano, no como la existencia de una falta, de una ausencia en el corazón mismo de la existencia. Ellos pensaban que el nihilismo tiene razón cuando afirma que el mundo no tiene justificación, que el mismo no es nada, pero olvida la justificación del mundo para hacerse a una existencia válida, de tal manera, que la gran falta del nihilismo es rechazar todos los valores, más allá de la ruina sin darle importancia a fines universales, absolutos, como la libertad misma pero para la Señora Beauvoir, ambigüedad no es lo mismo que absurdidad. Su gran discrepancia con Albert Camus, fue que éste declara que la existencia era absurda pues tal declaración sería la negación de que a ella pueda dársele algún sentido mientras declarar la ambigüedad es plantear que el sentido nunca se fija, sino que hay que conquistarlo de continuo, incesantemente. Para ellos, la absurdidad rechaza toda moral pero el ser humano intenta salvar su existencia a través del fracaso y del escándalo, dada su condición ambigua; de ahí que fracaso y éxito sean dos aspectos de una misma realidad y, en principio, no se distingue. Hay una pureza en la negatividad rebelde, en el inconformismo pero es preciso asumir la contradicción humana en el momento positivo en que se convierte en escándalo y violencia. Eso sería una moral individualista, ya que otorga al individuo un valor absoluto para poder fundamentar la existencia y, tal vez, sea una moral del egoísmo pero nunca una solipsista. Su imperativo sería: Haz lo que tengas que hacer, pase lo que pase pero es una moral que hace suya la contradicción, la ambivalencia y la ambigüedad humanas; es una moral de la paradoja, de la contradicción, que brota de la convicción de que éstas son precisamente, la paradoja de la condición humana; es un nihilismo que quiere volverse positivo a través de la acción individualizada, bajo el lemea: el nudo que no se puede desatar, se corta