VARIACIONES SOBRE UN CUENTO DE HERNANDO GARCÍA MEJÍA
POR JESÚS DAPENA BOTERO
Hernando García Mejía, el famoso cuentistas que escribiera con Paulo Londoño Martínez La estrella deseada y otros cuentos infantiles y solo Cuentos del amanecer que publicara la editorial Bedout por los años de 1984, cinco años después de Por la señal de la luz nos regala una fábula acerca del régimen del jinete salgareño, Avarito Corleone, como en esta España de charanga y pandereta llaman a nuestro malquerido presidente Álvaro Uribe Vélez, El jinete de tigre. La escena ocurre en un país de fieras, ya Rubén Darío había cantado a nuestra patria con un verso que decía:
Colombia es una tierra de leones…
El protagonista era un hombre acostumbrado a domar bestias, hasta aquella a la que, según nos cuenta Héctor Abad Faciolince, le puso el nombre de Vicky, para sentir así que humillaba a la hija del doctor Héctor Abad Gómez, que en paz descanse, después de haber sido acribillado por las balas paramilitares, por el mero hecho que le dijera no cuando el chiquilín aspiraba a ser su amado. Pero el hombre también mataba fieras. Era pues casi un chacho, un guapo para películas del Far West on the top of the Ands, en ese güeco salgareño, en donde, en los tiempos de la violencia del 48, el río se volvía tan rojo como el de Moisés pero a causa del derrame de sangre en una guerra fratricida, que ha durado desde la noche septembrina en la que Bolívar hubo de saltar una ventana del Palacio Presidencial, acosado por el General Santander, Mariano Ospina Rodríguez y hasta creo Tomás Cipriano de Mosquera, puros conspiretas como decía Ernesto Samper en los tiempos aciagos del proceso 8000 a sus enemigos, celebrantes de un alegre contubernio. Una guerra que no ha parado desde el siglo diecinueve hasta entonces, que hoy pretendemos los colombianos resolver con mano dura y corazón grande, para dar más de lo mismo y echarle más sebo al candil.
Pero nuestro salgareño insigne, acostumbrado a la doma y a la cacería de fieras y de brujas, consideró que el peor de todas las bestias brutas era el tigre, por lo cual se impuso el reto de montarlo en concreto, cansado ya de la simbólica doma de la pobre Vicky que le había terminado sus seducciones con un palmo en la cara, horrible ofensa para un Narciso de aquellos. Sin duda el tigre si iba a sentirse muy humillado convertido en caballo de paso, cabalgudara dócil para un vaquero más auténtico que Pecos Bill, sometido por un jinete extraordinario, que se bebía un tinto sin derramar una gota cuando cabalgaba en sus finísimos corceles, ya que para el era cosa de niños el brioso movimiento de las bestias. ¡Era un chalán de una habilidad increíble! ¡Nadie podía seguirlo en sus proezas! Es decir, ni más ni menos el mejor jinete del mundo. La admiración de la población era pasmosa pues sólo algunos irrespetuosos mermaban las encuestas que estaban más o menos en el 84% de admiración incondicional, casi hasta el fanatismo. El fervor cundía en el pueblo, que hizo que cada vez que viniera un personaje importante a la nación, consagrada al Corazón de Jesús, fuera a ver las proezas del hombrecito de Salgar, de tal forma que su fama se fue extendiendo por el mundo, tanto como la de don Vito Corleone, orgullo de las mafias sicilianas. Lloviera o tronara había que verlo. Ni siquiera don Joaquín Murrieta, ese malhadado Robin Hood, del que Pablo Neruda nos cuenta que era chileno, tenía el coraje de nuestro hombre, porque el personaje que hacía justicia en los tiempos de la fiebre del oro en California no pasaba de ser un bandido, como dicen que son los bandoleros colombianos, un infame y este chalán salgareño debería moverse por los espacios oficiales pues más de una vieja del pueblo decía:
-Éste sí va pa’presidente. Deje y verá.
Nuestro héroe no se daría cita del lado de la resistencia del gobierno angloamericano pues estaba dispuesto a lamerle el culo al señor presidente de los Estados Unidos de América, la encarnación de Dios en la tierra, de acuerdo con la misión gringa, de llevar su Dios, no se sabe si Cristo o el Dinero, en honor de los peregrinos del Mayflower que huían de la intolerancia religiosa de las guerras de religión en la Europa de entonces, quienes pueden atribuirse para atacar a los musulmanes, en una nueva versión de la intolerancia, bajo el lema de hacer justicia infinita.
No, en definitiva, nuestro protagonista no se oponía como el Joaquín Murrieta a la dominación cultural yanqui, ya que el joven soñaba que mientras se pareciera nuestro país al Lejano Oriente americano tanto mejor, eso sí sería lo mejor del American Way of Life.
Tampoco era comparable al Llanero Solitario, el personaje creado en los tiempos del radio y luego para la televisión por Fran Striker, ese enmascarado de plata que se desenvolvía con gran soltura en el antiguo Oeste Americano, una especie de Quijote acertado que dedicaba su vida a deshacer entuertos, montado en su fiero caballo, ni por casualidad tan viejo y desgarbado como Rocinante, una cabalgadura tan rápida como la luz, que creaba una nube de polvo, un héroe de la estirpe de Guillermo Tell pues nuestro jinete salgareño no tenía para nada vocación de desfacer entuertos sino armar los enredos más enredados de la historia.
Tampoco tenía mucho parecido a Cisco Kid, ese héroe que deleitó nuestra infancia y adolescencia ya fuera en el cine, la radio, la televisión y las añoradas revistas de muñequitos, gracias a la imaginación de O. Henry y su corta historia El camino del caballero pues aunque el salgareño se disfrace de gran señor queda mejor con su sombrerito de tonto y su poncho, destinado a fascinar al pueblo colombiano. Habría que recordar al Cisco, un caballero heroico, proveniente de México, aunque pueda ser más parecido a este personaje por su ambigüedad fundamental.
Pero el que todo el pueblo viera en él a un héroe, superior a los de las míticas historias de vaqueros norteamericano hacía que su yo creciera tanto como el del gato argentino que, al mirarse en el espejo, se ve como un magnífico rey de la selva. Ahora sí que podía darse toda una batalla entre felinos, entre un supuesto melenudo león, tan rugiente como el de la Metro-Goldwyn Meyer, y el pobre tigre de Salgar, que debía ser primo del de Amalfi, puros tigres paisas.
Algún escéptico preocupados, de ese 16% que se permitía el beneficio de la duda, expresaba sus temores de que el jinete del suroeste antioqueño fuera devorado por el viejo tigre, tan malicioso y atrevido, ya que más sabía por viejo que por tigre o por diablo. La gente decía a este descreído que no fuera pendejo y animaban al protagonista a ir a franca lid. La población no podía perdérsela pues, sin lugar a dudas, sería la más grande hazaña de la historia, una faena nunca vista ni soñada por aquellos que tienen la más grande de las imaginaciones.
Entonces se buscó al tigre más grande, rugiente y poderoso, al que más víctimas había vencido entre sus manos.
Arrogante nostro uomo, ese amigo de la cosa nostra, con la mano al pecho, como si fuera un auténtico corso napoleónico con patente y todo salió flamante, como un enardecido campeón, sin temblarle el pulso ni la voz y se montó en el tigre pero sin pocillo de tinto y luchó tanto como Jacob con el ángel, el amanecer aquél.
La gente estaba enronquecida de gritas hurras y bravos y hacían cábalas de que se daría un verdadero milagro cuando, de repente, surgió todo un problema y el protagonista de nuestra historia se puso a temblar porque, si se bajaba del tigre, éste sí daría cuenta de él, casi con un solo mordisco pues el héroe era tan chiquito pero no tan tierno como Pulgarcito, casi un enano. Desde entonces está tratando de ver como lo hace, para no caer de la gloria al infierno del fracaso mientras delirantes aplausos de un 84% de las encuestas lo mantienen en la lid, aunque ya si quisieran que el pobre no se desgaste tanto, y los aplausos se han sustituido por un angustioso silencio
Vigo, 17 de junio del 2008, (martes; 8:50 p.m.)
Apreciados señores:
Me gustó tanto el cuento que me enviaron de Hernando García Mejía que aquí les mandó unas variaciones sobre el tema, ya que tuvo un rato para entretenerme haciéndolo y pensando tan buena alegoría. Si es de su interés pueden publicarlo y me gustaría que se lo enviaran al autor original.
Atentamente,
Jesús Dapena Botero
avurridoooooooooooooooo
nesesito una tarea
nose como tubo esa inspiracion
bbbuuuuuuuuuuuuuuuu
jijijijijijijiji
soy muy arrogante
eeeeeee nose como se llama el cuento de navidad y nesecito la localizacio ndonde lo icieron pero que cosita